sábado, 31 de octubre de 2015

Piernas de modelo

 No te puedes imaginar que el incendio haya restaurado las extrañas formas que giraron en nuestra cama antes del estallido. Hay demasiada luz entre tu cuerpo y su asesino. Detrás del ciervo disecado, aún puedo presentir las sombras hiperbólicas de sus piernas de modelo.

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viernes, 30 de octubre de 2015

Lo acompañaron

  Lo acompañaron hasta el final del promontorio. La luz los sacudía y la mujer, tras escupir el vino, determinó empujarlo. La luz los sacudía y los fresnos vibraban en la hora crepuscular, cuando todos los animales reposaban antes de girar en la oscura bruma que los cerniría. La mujer se calzó las botas lentamente y el cuerpo del hombre yacía sobre las piedras y los otros que también miraban aspiraban el polvo iluminado.

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miércoles, 28 de octubre de 2015

¿Podemos confiar en el actual líder del PSOE?

Pedro Sánchez o la sombra de ZP




No me fío de Pedro Sánchez porque veo demasiado marketing detrás de su persona, un postureo reconocible en los últimos años de ZP. Hay un halo de maniquí y de gesto demasiado estudiado que me recuerda también a Obama, pero Obama no tiene casos ERE ni una señora feudal que, en breve, a poco que los resultados no sean favorables en las generales, querrá dar el salto a la Moncloa.

Pedro Sánchez es un Ken, de generación Barbie Cool, demasiado guapo, demasiado cercano, demasiado smart y trending, y otros adjetivos en inglés que acaban en -ful. Lo que más me molesta de Pedro Sánchez no es Pedro Sánchez, sino su programa político, que sigue siendo irrelevante en temas claves como la educación o el mapa político. De hecho, su federalismo me suena a la alianza de civilizaciones de Zapatero y yo odié profundamente aquella boutade de ZP que costó millones de nuestros impuestos mientras la educación pública seguía en barrena.

Pedro Sánchez es un Hacendado político, una marca pura, light, descafeinada, sin defectos, que viste bien, que huele a colonia desde que se acuesta hasta que se levanta y cuyo postureo le lleva a telefonear a Jorge Javier Vázquez cuando se le levantan en armas los ecologistas.

No sé, pero me temo que la marca PSOE casi ganará las elecciones, porque Rajoy es el juguete roto de Aznar y el "Luis, sé fuerte" lo lleva grabado a fuego en la frente cada vez que mira con sus pupilas vacías. Podemos morirá de éxito, así que el Rivera lo tiene fácil, si aguantan algunos de sus ediles que ha cargado el diablo y que están colocados en ayuntamientos y diputaciones.

Veremos lo que pasa con Pedro y con sus asesores flow, y con Pablo, y con Alberto, y con Mariano. Pero todos se parecen, todos tienen marca y mucha mercadotecnia. Rajoy no, porque Rajoy ya no es joven ni se parece a Kortajarena.
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El restaurante Yakitoro, de Alberto Chicote

Y una camarera que se llama Alba




  De repente, en plena Gran Vía, te encuentras un Aokigahara, la reproducción minimalista de un bosque japonés que la marca Chicote ha logrado enhebrar haciendo visible la cocina de pinchos y ensaladas en el centro de su propio establecimiento. Lo que más llama la atención es que hay concepto, ganas de gustar y de transmitir algo más que sabor.

  En el Yakitoro, no hay estafa, no hay experimentos con gaseosa, no se paga por los escenarios, ni te sirven un flan para siete. Aunque pueda a sonar a topicazo, Chicote equilibra perfectamente la diversión, la estética y un crisol de sabores deliciosos, misceláneos, con una tendencia eminentemente orientalizante, pero que todo suena a nuestra cultura: costillas, bocadillos, pinchos, ensaladas, arroces.

  La decoración del restaurante es un tributo al bosque, a la madera y, por consiguiente, también a la pureza de los alimentos, a su crudeza, a su esencia, al carbón; por esa razón, se observa que, en los platos, hay un primer elemento básico, fundamental, que luego el maestro transforma ligeramente con la brasa y todo tipo de aromas inescrutables, logrando una exquisita disonancia donde prevalece la carne o el pescado sobre todo lo demás. No hay otro fin que dotar al producto base de diversas connotaciones que uno recuerda después de las horas.
 
  El precio es asequible y el personal atiende con diligencia y amabilidad, especialmente, una camarera llamada Alba, de ojos claros y espigada, nerviosa y sincera a la hora de aconsejarte. Para el Yokitoro, no olvides una buena compañía, pues, como asegura Cameron Diaz, en una entrevista de Cosmopolitan, no estamos para perder el tiempo en cenas y compañías insulsas, nada estimulantes. Enhorabuena, Alberto, y larga vida al Yakitoro. Repetiremos.
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Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexievich

Nuevo Premio Nobel de Literatura




  Frente a la actual retórica política de discursos informativamente previsibles en el que el sinsentido de los conceptos es cada vez más frecuente, existen publicaciones marginales que reflejan crudos testimonios de realidades objetivables no contempladas por los medios. La incomunicación del dolor, por ejemplo, se transcribe entonces en una fragmentación recurrente, más allá de la mitificación de convenciones lingüísticas tan repetidas en la dinámica de los discursos políticos, cada vez más homogéneos y más asépticos.

  Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich, publicado por Siglo XXI y traducido por Ricardo San Vicente, recopila muchos de los testimonios de las víctimas y sus familiares que quedaron en el olvido tras la crisis del escape nuclear de Chernóbil en 1986. La redacción de estos testimonios revela la impotencia del significado lingüístico para expresar la desolación psicoemocional de generaciones frustradas y sin esperanza, sin apenas apoyos políticos y económicos. La grandeza de Alexievich reside en esta prosa que denuncia, desde el desamparo y la sobriedad, la carencia de empatía y el olvido institucional de quienes no pueden articular un discurso coherente y racional tras la tragedia.

  Lejos del triunfalismo democrático que generan los discursos políticos de nuestras democracias, la voz de esta escritora nos adentra en el insondable mundo de los silencios, las interrupciones y las afasias para, dehaciéndose de todo lirismo, hacer visible el mal que reposa en los retornados, en los exiliados y en los enfermos todavía por los efectos de la radiación.

  Y, sin embargo, por mucho que intentemos negarlo, en ese desastre relatado, en la ocultación del tabú de la muerte y la radiación, hay una extraña belleza que conmueve, como si en la miseria, en la ausencia de los seres queridos, se respirase una paz necesaria para desaparecer entre estas páginas, y de la vida.

La zona … Es un mundo aparte. Otro mundo en medio del resto de la Tierra. (…) Hemos perdido este futuro. En esos cien años ha pasado el GULAG de Stalin, Auschwitz … Chernóbil… El 11 de septiembre de Nueva York … Es inconcebible cómo se ha dispuesto esta sucesión de hechos, cómo ha cabido en la vida de una generación, en sus proporciones. (…) En Chernóbil se recuerda ante todo la vida “después de todo”: los objetos sin el hombre, los paisajes sin el hombre. Un camino hacia la nada, unos cables hacia ninguna parte.” (pág. 49)

Creíamos en nuestra suerte; en el fondo de nuestra alma todos somos fatalistas, y no boticarios. No racionalistas. La mentalidad eslava. ¡Yo confiaba en mi buena estrella! ¡Ja, ja, ja! Y hoy soy un inválido de segundo grado. Enfermé enseguida. Los malditos “rayos”. Ya se sabe. Hasta entonces no tenía ni siquiera una ficha en la clínica. ¡Que los parta un rayo! Y no era yo solo. La mentalidad. Yo, un soldado, he cerrado una casa ajena, he allanado una casa ajena. Es un sentimiento que … Es como si espiaras a alguien. O la tierra en la que no se puede sembrar. Una vaca que da con el morro en la verja, pero la valla está cerrada; la casa, bajo candado. La leche gotea el suelo. ¡Es un sentimiento que …!” ( p. 212)

Los primeros días, la cuestión principal era: “ ¿Quién tiene la culpa?” Necesitábamos un culpable. (…) Luego, cuando ya nos enteramos de más cosas, empezamos a pensar: “¿Qué hacer?”, “¿Cómo salvarnos?”. Y ahora, cuando ya nos hemos resignado a la idea de que la situación se prolongará no un año, ni dos, sino durante muchas generaciones, hemos emprendido mentalmente un regreso al pasado, retrocediendo una hoja tras otra. (…) No era un incendio como los demás, sino como una luz fulgurante. Era hermoso. Si olvidamos el resto, era muy hermoso. No había visto nada parecido en el cine, ni comparable.” (p. 173).

  Para un conocimiento de la función de la elipsis y los silencios, dejo el enlace del artículo de 2009 que publiqué en la Revista de Lingüística, Tonos, de la Universidad de Murcia, sobre la prosa de Alexievich y la función del silencio a la hora de vertebrar sus relatos.

http://luzdelosescombros.blogspot.com.es/2013/11/voces-de-chernobil.html
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Serendipity, de John Martyn

Eclecticismo y vanguardia en un disco único




  No podemos afirmar que, en Serendipity, la música de John Martyn sea circular o reiterativa, aunque algunas de sus melodías persistan en cierta nostalgia del pop más primitivo. Serendipity es un viaje por diferentes maneras rupturistas de crear música, sin renunciar nunca a lo emocional, a esas visibles connotaciones que encogen el corazón cuando la atmósfera no asfixia la letra y cuando el riesgo es un talante preciosista, pero con la suficiente verosimilitud para que el escapismo al escucharlo sea un hecho consumado.

  Sus canciones parecen esenciales, simples, sin demasiados ornamentos, pero es la calidez de esos matices del jazz y del country lo que lo hacen tan genuino; interpretaciones libres, buscando la trascendencia de los espacios que el sonido crea realmente, como si las resonancias generasen un volumen tangible que supera a la voz. Lo instrumental no es prioritario, sino que es la elegante forma de conciliar nuestra experiencia del mundo con esa ingravidez, con la ausencia de nerviosismo, de presión, de estrés, de racionalidad que nos infligen otros géneros. Serendipity: An Introduction To John Martyn, editado en 1998, sigue siendo un disco moderno por su eclecticismo, por el ansia rupturista, sin ser despiadado con la tradición del folk y el clasicismo de algunas melodías embriagadoras. No hay nada de Dylan, pero lo parece. Un aroma a Seeger se mezcla con ese fondo de Pink Floyd que generan algunas canciones. Y eso lo hace inolvidable y evolutivo.

  Nada más que decir a un disco que llena algunas tardes de soledad y escritura.
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De Nobel a Novel

Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández




  Nadie puede dudar de la labor de orfebrería que el filólogo Jesucristo Riquelme ha realizado en sus múltiples artículos, reseñas y ensayos de la obra del poeta Miguel Hernández; sin embargo, esta edición del epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernádez y Josefina Manresa, a cargo de Espasa y la Diputación Provincial de Jaén, demuestra que los críticos también maduran y que la labor divulgativa de sus análisis no está reñida con una sensibilidad literaria extrema, como es el caso de este trabajo elaborado por Riquelme.

  Muchas de las reseñas que se han publicado sobre esta serie de cartas redundan en la relación afectiva que existió entre un Aleixandre paternalista y un Miguel Hernández que apenas disfrutó del éxito de El Rayo que no cesa porque repentinamente su vida se convirtió en una lenta derrota al acabar sus días en un periplo de cárceles.

  Lo que destacaría de este trabajo no es sólo el valor crítico que tienen estos pensamientos íntimos, retazos costumbristas y profundamente humanos que la presencia y ausencia de Miguel Hernández infligen en la vida de Aleixandre y Josefina, sino también esos matices literarios que Jesucristo Riquelme introduce en una prosa asequible, sigilosa, pues parece no desvelar nada, pero desvela todo, descubriendo al Aleixandre poeta, poeta transcendente, y al hombre empático y comprometido con el creador oriolano, incluso después de la desaparición de éste.

  La contextualización, la plenitud de detalles generacionales, el análisis del esteta Aleixandre como poeta de la consumación de un grupo y una época no se habían visto en mucho tiempo en otros estudios sobre el 27. El aparato crítico y los pormenores que Riquelme describe para comprender la razón y la escritura de estas cartas son el síntoma de esa madurez del crítico, la plenitud de una evolución en los estudios hernandianos, sin duda. No me sorprende tanto el valor del epistolario en sí, sino cómo ha sido editado y analizado este trabajo para que unos textos sencillos, llenos de afección y ampulosos en ocasiones por el sentimentalismo, se conserven dentro de un marco teórico que los convierte en un testimonio único, por no decir, inaudito.

  Enhorabuena, Jesucristo.
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¿Una vicepresidenta como Soraya puede ir a un programa como El Hormiguero?



  La derecha tiene su lógica y la derecha debe ser gris, insustancial y pragmática. A veces los países necesitan a la derecha cuando las izquierdas se fragmentan y se vuelven opacas o corruptas. Me preocupa que la derecha del PP imite al PSOE de ZP, que pensaba más en la imagen que en el condumio, y considere que salir en El Hormiguero sea una manera de ganar votos.

  Lo de Soraya y Pablo Motos anoche es la consagración de un fracaso en la política comunicativa del Gobierno y de otros Gobiernos que salen en Telecinco y en Antena 3 para promocionarse, mientras la Televisión Pública, que pagamos todos, se muere del asco.

  Que Soraya bailara, que Soraya tuviera el mismo gesto que cuando me hace efecto el Bífidus y decidiera ir a un programa que es un calco infantil y monótono de los espléndidos magacines americanos me encabrona. Significa que la derecha anda perdida y que la política es postureo; una falsificación de lo que ha de ser una gestión seria, dispuesta a batirse en la crítica, dando la cara a los periodistas y no detrás de un plasma.

  Pero esta derecha es una derecha socialista, porque ha mantenido la industria de sus enchufados en todas las Autonomías, prescindiendo de médicos y profesores, porque no ha querido desprenderse de sus estirpes corruptas en sus diversos feudos, porque no termina de condenar a Rato ni a Bárcenas. Si la derecha va a la televisión, ya no es derecha, ni centro, sino esa izquierda flow, la de Pedro Sánchez, que telefonea a Sálvame y baila en los mítines. Lo que me preocupa de verdad no es que el PP pierda las elecciones después de lo acontecido en El Hormiguero. Lo que me entristece es que no hay alternativa. No hay nada ni antes ni después.
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Ardillas de plástico, aspiradoras suicidas y Lisa Ann bajo la sombra del tilo



  Las ardillas cundieron en el trabajo y regresaron, después de la cena, a sus blisters para hibernar. Lisa Ann limpiaba la cerámica de óvalos y miraba al exterior donde el último árbol se perpetuaba sobre el asfalto. Las camisetas lucían con sus siliconadas formaciones tras los autobuses universitarios y algún muchacho retraído quiso dormir en el césped del parque donde se suicidan cada sábado los masturbadores.

  Lisa Ann mantuvo firme a los alumnos de quinto que se colaron por el balcón para sacar fotos de los trajes de cuero que ella colgaba junto a los pulpos rocosos. Un señor llamado Wolkswagen atendía en el entresuelo a las ancianas ciegas mientras oía el crujir de nudillos en el segundo piso donde Lisa sacó el latigo para domesticar a aquellos coleccionistas de Pokemon.

  Pero el amanecer llegaba tan rápido como las aspiradoras. Y las aspiradoras no perdonan que sus pensamientos funestos sobre mujeres enlutadas en látex las atosiguen, así que deciden que el suicidio es una salida hacia la luz, tan húmeda y provechosa como la boca de Lisa. Alguna vez las he visto arrojarse desde el vacío,con sus vientres llenos de polvo, y también los he visto a ellos, a los rubios masturbadores, colgados de la soga, colocando previamente pequeñas filas de escarabajos en las aceras.

  El látigo de Lisa Ann pervierte y los chavales que deciden abandonar el hogar al fin son otra clase de individuos, más parecidos a sus padres, sedientos y ochenteros.
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La fragmentación del Estado supone la pérdida de todo poder geopolítico



  Que el nacionalismo independentista considere como un objetivo prioritario la necesidad de escindirse de España es un hecho; por esa razón, son independentistas. Lo que parece claro es que esa sintomatología festiva y popular con la que se ha concebido el fenómeno de la separación de España no tiene en cuenta las consecuencias económicas que representa. O si las tiene, poco importan.

  Sin embargo, eso no preocupa al menos a aquellos que tienen la nómina asegurada desde la élite política. Lo que no se ha explicado todavía es el mar de fondo que se aloja en una posible balcanización de nuestro Estado. Ese mar de fondo pasa por la nueva situación geopolítica que se plantearía en lo que quedara de España y en el resto de Europa, y para esas comunidades que resolvieran al fin su pretendendida independencia dentro de la península.

  No está de más considerar que una comuna de pequeñas naciones pondría en evidencia una debilidad territorial y geopolítica. No debemos menospreciar que una coyuntura con una serie de microestados en unos límites tan complejos como en los que vivimos desde el punto de vista étnico y cultural revelaría una situación de fragilidad que podría ser fácilmente aprovechada, no sólo por una mayor dependencia económica de otros países, sino por posibles pruebas de fuego como fue el caso de la isla de Perejil.

  Seguramente, alguien juzgará este pensamiento como desquiciante y paranoico, nada que ver con la cordura del separatismo y con el clan Pujol, pero no está de más esta advertencia que, aunque parezca una quijotada, algunos antropólogos hemos visto repetida y ejecutada en tantos lugares del mundo.
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Live songs, de Leonard Cohen

Un disco eterno por su sobriedad y por su lirismo




  Su música es tan esencial en este trabajo que la emoción reside en esa elipsis continua que representan canciones como Bird on the wire. No hay un trabajo orquestal que configure una retórica de excesos como en posteriores discos, sino que Leonard Cohen se deja llevar por los derroteros de un lirismo sediento de aspereza y de silencio; sus evocaciones surgen a partir de la ausencia barroca de las manidas intenciones del rock o del pop.

  En Live songs todo parece sencillo e inmortal a la vez y es ese binomio donde se descubre al genio, a la personalidad, aunque su voz no tenga aún ese tono grave que ahora exhibe como marca. Lanzado en 1973, cada canción es una breve historia de sí mismo, una experiencia compartida de lo desgraciada y hermosa que puede ser nuestra existencia. Visiones, himnos, versos y sentencias lapidarias construyen una semántica que se caracteriza por un regusto country, por algunas connotaciones a canciones francesas y por una exigencia de la austeridad que solamente se rompe una vez en ese canto coral que es Please don´t pass me by.

  Es necesario retomar algunos de estos primeros trabajos de Leonard Cohen para descubrir esa interminable elegía que significa su obra en estos tiempos donde la música anda tan corrompida como la literatura. Live songs es un acto irreverente, de protesta, frente a tanto producto musical manufacturado, un homenaje al saber trovadoresco que jamás se perdió en algunas voces de los setenta.

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El director de orquesta Bruno Walter y la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler



  Hace ya varios años que un amigo me dejó una grabación de la Segunda Sinfonía de Mahler, dirigida por uno de sus discípulos en 1948, Bruno Walter, y presentí que aquella versión distaba de algunas grabaciones sublimes como las de Kubelik o Inbal. Quizá, junto a Klemperer, quien conocía la personalidad obsesiva de Mahler, las obras dirigidas por Walter reproducen esencialmente la gravedad y ese tono elegiaco, en ocasiones redundante e impetuoso, del compositor de La canción de la Tierra.

  Los Lieders y esa interpretación de la Segunda sugieren que los matices son demasiado importantes en la trascendencia de una creación. Quizá lo que le falló a la versión de Bernstein fue precisamente, en el caso de la Segunda Sinfonía, ese conocimiento del poso religioso y de la austeridad que el primer movimiento necesitaban para convertirse en una clase de réquiem que Walter supo interpretar eficazmente.

  Walter asimiló perfectamente el sustrato religioso, la razón judía que se alojaba tras la versatilidad de las composiciones de Mahler que, pese a no ser un hombre de creencias, no pudo ni quiso escapar a las raíces teocéntricas que alimentan a Europa todavía, a esa sensible manera de reconocer que muerte y vida son procesos tan antagónicos como inseparables. Además, la tragedia personal que asoló su biografía no estaba exenta de ese aura de misticismo y espiritualidad que su música con tanta fuerza reclamaba.

  La manera de interpretar de Bruno Walter es una perfecta analogía de lo que Mahler vivió y sufrió, la meditada reflexión que las partituras de su maestro exigían para convertir su Segunda Sinfonía en ese himno sublime que, al margen de algunos momentos de excesos retóricos y grandilocuencia, va más allá de un cántico espiritual, porque la música de Mahler es una manera profética de manifestar los tiempos oscuros que en breve acecharían en Europa.
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The other dead

Un cómic diferente sobre el fenómeno mediático de los zombis




  Frente a la masiva producción de series televisivas, películas y novelas gráficas con temática zombi, The other dead, editado por Medusa cómics, reinventa el fenómeno con una idea novedosa: los animales son los que se convierten en zombis y se enfrentan a los hombres.

  El trabajo de Joshua Ortega y su equipo no se priva de una violencia explícita y de ese mar de vísceras que tanto apreciamos aquellos que devoramos cómics a todas horas. Un argumento lineal, un narrador testigo que hilvana las secuencias y unos personajes con suficiente hondura psicológica, entre ellos, el presidente Obama, crean esa atmósfera depresiva y marginal que necesita una historia como The other dead.

  Color austero, detalles minuciosos y trazos sombríos, que describen con exactitud las arrugas y la gestualidad, contribuyen a que la sucesión de catástrofes no pierda la esencia de otras obras como Crossed o The Walking Dead y que, además, fluya a través de sus páginas un tributo significativo al cine americano de terror de los ochenta.

  Lo que destaca en The other dead es esa visión irónica y apocalíptica de la existencia, una adicción al asesinato y a la carroña, completamente predecibles, pero que todavía perpetúan este género dentro de los arquetipos que residen en nuestra memoria a propósito del final de los tiempos y del caos social que genera la violencia extrema dentro de una comunidad.
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Un ministro de Economía llamado Rodrigo Rato y los jóvenes de Gandía Shore



  Aunque todo sea presunto, está claro que hubo una generación de políticos que, llevados de la mano de Aznar, fueron la élite de este país. Era una generación de hombres entrenados en la mili, educados en colegios de paga, de mucha paga. Eran los pijos de la Transición, cuyos vástagos bailaron con las canciones de Hombres G.

  Eran hombres que nunca fueron rebeldes, porque la rebeldía huele a sudor y te despeina. Aquellos hombres de Aznar eran velludos y con buen color de cara, a punto de enfermar de gota. Eran los hijos del rigor, del orden, de las reválidas en la que se preguntaban los tiempos verbales y los límites de España (cosa que me parece muy bien).

  Pero, en aquella perfección moral, de traje oscuro y solapa recta, de catecismo con lomo dorado y rosario en la mano para la foto de la primera comunión, había demasiada sobriedad, un ansia contenida a punto de desbaratar tanta rectitud, esa manera de mirar la vida, gris, insustancial, machista, que se convirtió miserablemente en la concha de la Bernarda. Sucedió que los curas fracasaron y también las reválidas, y tanta misa, porque aquellos hijos de papá vieron que el dinero puede más que el amor, aunque estuviera puesto en boca de San Pablo.

  Por esa razón, yo me quedo con la generación que trajo la ruta del bakalao y Gandía Shore. Ylenia es ahora su máxima exponente, porque, detrás de las chonis y los papichulos, no hay otra cosa que ariete en lengua, celo en vena y el lenguaje de la niña del exorcista. Mucho exceso en aseos y aparcamientos de after para olvidar que morirán solos y envejecerán como sus padres, sonámbulos y tristes porque las letras de Camela eran mentira.

  Gandía Shore nos descubrió que existe una juventud que tiene por lema ser mamífero antes que ciudadano y eso a mí me vale más que la Generación de Rato, porque el perreo siempre es puro, va de cara y no piensa en los límites de España ni en los tiempos verbales. Tengo claro que el fornicio en televisión y ser portada de Interviú son aspiraciones legítimas, las más decentes, ahora que veo como Bárcenas, pese a lo que tiene encima, conserva el pelo, y Rajoy, y Aznar, qué envidia. Bueno, Rato, no. Qué fallo.
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Ylenia: construyendo y deconstruyendo a la diva del programa Gandía Shore



   Me puse malo cuando Ylenia dijo, hace unas semanas, que abandonaba la tele y los cameos, que el perreo dejaba de ser un himno celestial en pubes de Malasaña y en las despedidas de soltera, donde el tanga del poli se trufa con billetes de diez euros que un pintalabios adorna con números de móvil. Me puse malo cuando Ylenia desapareció de mi vida y la de muchos que vimos a la rubia en Gandía Shore descomponiendo toda aquella generación pija de Melrose Place y Sensación de vivir.

  Ylenia hizo de la mala educación una clase de metamorfosis con la que convertirse al poco tiempo en una diva, cuya personalidad se mueve entre la ficción de la tele y los restos de una juventud que la ESO, gracias al PPSOE, se encargó de convertir en cajeras del Primark. Me gustaba la Ylenia de Gandía Shore, porque rompió con el tabú del buenismo, revelando que los adolescentes españoles vivían entre la desesperación y una inusitada alegría por amar todo y destruir todo. Una esencia baconiana existía en el corazón de aquella deconstrucción de Barbie que a mí me ponía.

   Quiero a Ylenia porque es una versión excelente de las chonis a las que siempre devoré con mis ojos de adolescente, cuando mis amigos y yo nos comíamos los mocos en la cola de la discoteca, apoyados en el coche del Paqui, bebiendo ron con cola, mientras ellas desfilaban elevándose con aquellos tacones que parecían navajas, con sus vestidos de tubo que marcaban el tanga y la etiqueta del tanga.

   Esos tiempos felices me los recuerda Ylenia y su alma de látex y arrebato, su aura de hembra maldita a punto de convertirse en mito, porque los mitos como Afrodita o Atenea también surgen de la anécdota, de una erótica visión del mundo en la que los contaminados por el acné necesitan alabar a las Kardashian, por ejemplo, o a mi Ylenia para saber que la vida aún merece la pena vivirla, aunque sea apoyado en el coche del Paqui.
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Una carta a mi madre María Luisa

Una mujer que resurge siempre de sus cenizas




  Mi padre la esperaba en la Vespa delante de la fábrica de telas. Mi padre trabajaba en una humilde pescadería y, además de oler a tabaco, sus manos desprendían ese tufo rancio y severo que el pescado barato fija en la piel para siempre. La piel de mi madre huele a salobre y a humo. Abandonó la escuela por necesidad, porque mi abuela no podía mantener a todos sus hijos. Mi madre fue de esas mujeres que machacó el franquismo lo suficiente para que ahora no quiera recordar nada de aquellas desdichas, salvo alguna imagen fugaz de mi padre con su bigote de Pancho Villa.

  A propósito de mi padre, murió de cáncer cuando aún no había cumplido los sesenta y nuestra casa se quedó un poco sola, pero más sola se quedó cuando mi abuela, quien me educó bajo la disciplina de la honradez y el silencio, murió años después. Ahora mi madre cuida a una señora que sufre mal de Alzheimer y por las tardes acude a clases de francés y a natación. Porque mi madre es una mujer que tiene que resurgir constantemente de sus cenizas.

  Hemos sido felices, es cierto, pero las tragedias se fueron sucediendo y es este momento pacífico de la escritura lo que me permite curar los recelos sobre cuán injusta y cuán verdadera ha sido la vida a nuestro alrededor. La casa de la corredera, el matadero donde mi abuela y mi madre desplumaban pollos y patos, el huerto del Quitoli donde yo apoyaba la espalda en las matas de las habas hasta quebrarlas y las acequias son imágenes que bullen en mí como si urgentemente necesitaran ser interpretadas. Pero es inútil.

  Con mi madre puedo hablar de literatura, porque ella tiene los prejuicios necesarios para entender cuánto significa para mí el hecho de leer y escribir. Cuando comemos juntos en la casa vacía, sin los nietos, tengo la sensación de que, si ella me falta alguna vez, yo estaré más cerca de las piedras y que será un acto egoísta compadecerme, pero hay tanta maldad y tanta belleza en las ausencias que se recuerdan con dolor.
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Años de crítica y debate, formando equipo en torno a Mundiario



   Hace poco recibí la noticia. Me nombraban coordinador de la Sección de Sociedad y Cultura de Mundiario. Mi trabajo en periódicos y revistas locales comenzó a los quince años, pero ha sido esta plataforma y su grupo de colaboradores los que me han permitido escribir, analizar y debatir libremente sobre aspectos políticos y literarios. Soy un profesor marcado por la rutina y por modestas publicaciones de libros juveniles y algún poemario que van nutriendo mi vida de breves experiencias estéticas que me apasionan sinceramente.


   Vivo en Orihuela, en Alicante, una ciudad sin apenas proyección, pues políticos y administraciones se han encargado de que así fuera y ha sido Mundiario mi forma de evadirme y de encontrar una comunión constante con lectores de todos los países. Espero que esta aventura que comenzó hace unos cuatro años, de la mano de maestros del periodismo como José Luis Gómez, nos permita seguir trabajando por una prensa crítica, sin censura y sin un único pedigrí ideológico. Gracias a todos los lectores y a quienes, desde las redes, siguen confiando en mis virtudes y en mis errores. Y gracias a Mundiario por hacer que mi vida siga nutriéndose de breves experiencias estéticas al dejarme publicar en un periódico que sigue apostando por la innovación.
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Transilium, Trankimazin, Orfidal, Brazzers, Stradivarius y cirugía estética



  Las mujeres solas necesitan el consuelo de toda una fauna de sexo online que alivie su ímpetu menopáusico. Los hombres que no aceptan sus cincuenta, desquiciados y con la boca trufada de chistes obscenos, viven para el porno de páginas gratuitas. La soledad es un mal necesario, tan profundo que suele concluir en alguna adicción irreparable.

  Es generalizado el consumo de ansiolíticos, porque hay una necesidad de olvidar, inherente a nuestro desgaste con los hijos y con el trabajo. Pendientes de las ofertas del LIDL y del MediaMarkt, asumimos que rondar como zombis por los centros comerciales cada fin de semana es lo correcto y, en ese éxodo masivo, la prisa también nos corroe así como la preocupación constante por mantener un estatus que jamás nos hará felices del todo.

  Algunas muchachas se operan los senos cuando cumplen los dieciocho y se observa en sus rostros de Lolita esa fiebre por el consumo, una insatisfacción por sobrevivir en un mundo que las prefiere como azafatas y presentadoras antes que como traductoras. Los ansiolíticos llenan algunos bolsos junto a los preservativos y los nuevos pintalabios de KIKO.

  Todo tiene la apariencia de estresante. Todo lo que me rodea tiene vestigios de muerte sobrevenida, todo lo que como y bebo parece siliconado. Pero mejor vivir en esta ficción autodestructiva del porno, del bótox y de los antidepresivos. Mejor vivir aquí, aparcados en este paraíso artificial donde la poesía que leemos es la que nos brindan los anuncios de Opel y Coca-Cola. Mejor así que ver el envés de la calamidad y del sufrimiento. Mejor. Porque somos efímeros y uno ya no está para retos personales. Bastante tenemos con ir tirando.
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¿Es necesaria una asignatura como Religión en la educación en España?



   He sido feliz entre los católicos y lo sigo siendo. Fui de los alumnos que recibió clases de Religión en la EGB y en el BUP. Como docente, descubro que la orientación de la asignatura sigue alejándose de una materia que podría tener otras virtudes, otros contenidos. Zapatero no se atrevió a quitar esta asignatura de las aulas y lo complicó todo, colocando una Educación para la Ciudadanía en la ESO, que eliminó horas valiosísimas de Filosofía en Bachillerato.

  Soy partidario de que se estudie el hecho religioso como un hecho antropológico y cultural en las aulas, pero no estoy a favor de la motivación pedagógica y moralizante de la disciplina tal y como se imparte en los centros, públicos y privados. Encuentro, a lo largo de estos años, que los alumnos llegan a mi asignatura de Lengua y literatura con grandes carencias de conocimientos históricos y sociales relacionados con la propia evolución de lo religioso en Europa y a través de sus manifestaciones artísticas.

  El conocimiento sociológico de la Edad Media o la interpretación de autores como Kafka pasan por conocer algunos mitos bíblicos, por haber leído el Antiguo Testamento, por reconocer la figura de Cristo dentro del saulismo, y estos aspectos de transcendencia significativa para ampliar el horizonte intelectual de los alumnos apenas existen en esos adolescentes que reciben clases de Religión. Tampoco en los de Ética. Creo que es necesario un conocimiento de la historia de las religiones y de toda la mitología bíblica que configura nuestro presente cultural y artístico.

  Me preocupa enormemente el desconocimiento sobre los textos sagrados, porque los alumnos son incapaces de interpretar la profundidad de los temas que se alojan en una obra literaria por ejemplo o en algunos presupuestos filosóficos. La asignatura de Religión no puede ser una clase de catequesis, amparada en la moralina que aprendieron nuestros abuelos, sino que debería ser una clase para conocer la historia de los textos bíblicos, los mitos fundacionales de nuestra cultura y nuestra tradición, así como el de otros credos. Pero la Curia no contempla estos derroteros ni los ministros que hemos tenido a lo largo de estos años, pues intereses ideológicos se han antepuesto a una educación formativa de verdad.
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Que alguien me explique cómo se puede ser de izquierdas y a la vez nacionalista



   Se ha dicho y se ha escrito mucho ya sobre las elecciones catalanas. Como antropólogo, sigo sin entender que exista un nacionalismo de izquierdas y que además pacte con la derecha burguesa y clasista de la Cataluña más emperifollada y rancia.

   No entiendo qué clase de ideología marxista subyace bajo Esquerra o la CUP para decidir que "ser catalán" está por encima de "ser obrero". Ningún partido de izquierdas que se precie puede alojar en sus bases que existe un elemento de diferenciación cultural, étnico y nacional que relegue a un segundo plano la necesidad de buscar la igualdad de derechos sociales y laborales en cualquier comunidad o territorio. La internacionalización es lo que ha caracterizado a la izquierda, su lucha por defender aquello que es justo para los obreros y sus hijos, independientemente de su pertenencia geográfica.

   La universalidad de su pensamiento y la apertura hacia la búsqueda de un ideario común de leyes igualitarias son incompatibles con la reivindicación de una nacionalidad propia y específica. Sigo sin entender que Esquerra se haya aliado con la derechona y que la CUP esté dispuesta a conciliar el reduccionismo de lo nacional con la lucha universal contra la exclusión y la diferenciación entre los ciudadanos de cualquier identidad, raza y cultura. No lo entiendo. Joder. No lo entiendo.
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Calvos, gordos, depresivos y celulíticas en las reuniones de antiguos alumnos



   No soy tan guapo como Robert Redford, pero tampoco soy el hombre elefante. Hace unos días me invitaron a una cena de antiguos alumnos y, después del encuentro, he dejado de creer en la justicia poética. Como si hubiese entrado a la cantina de Star Wars, allí estaba la caducidad misma de la vida. Calvos, barrigones y orondas cinturas que alguna vez fueron ombligos sensuales de animadoras para el equipo de fútbol se dieron allí cita. A mí me vino una subida de autoestima cuando comprobé que mi deterioro había sido aceptable, si lo comparaba con las antiguas reinas del baile de fin de curso, que se habían convertido desgraciadamente en portátiles franquicias de Navidul y Campofrío, en tristes mujeres, la mayor parte de ellas, divorciadas, adictas a la homeopatía y al Orfidal, que alguna vez amaron en serio a sus maridos.

   Los papichulos que se morreaban en el pasillo con las quinceañeras más espigadas y desarrolladas de sexto no habían envejecido como Tom Cruise o Julio Iglesias, sino que los pliegues de lo que alguna vez fueron abdominales hercúleas eran ahora el antes de esos anuncios de madrugada que promocionan potros de tortura para tener el culo prieto. Ninguno de los que allí me vieron sabían que la posmodernidad, además de Bowie y OT, trajo el bótox y la silicona. Muy triste. Dejé el antro antes de que terminara el disco de OBK y respiré hondo, y me alegré de mis cuarenta, y de mis horas en la cinta andadora escuchando a Bruckner.

  Si decides alguna vez asistir a una reunión de este tipo, agárrate los machos y haz una dieta disociada durante dos meses o mentalízate y apuesta por el quirófano: mejor ser una Kardashian que el doble de Falete. Digo yo. O haz lo más económico y prudente. No vayas y húndete en un mar de Whoppers y Doritos esa noche en la que otros celebran que los viejos tiempos ya son tristemente una enfermedad incurable.
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Frida Kahlo y la sintaxis de la ruptura a través de las imágenes y las palabras



   La sintaxis está rota, pero con una imprecisión salvable que nos permite reconstruir significados de una enorme profundidad; por esa razón, Kahlo se atiene a la pintura como una forma de adecuar el dolor y la aflicción a una textura en la que la palabra es insuficiente. Todo es inalcanzable al mismo tiempo que asumible, por su desgarradora sinceridad, en esos pensamientos fragmentarios que en su Diario la artista mexicana ni siquiera concreta; tan sólo los esboza, pues no hay intención de definir, sino de recrear una voluntad de rendición, de reclamar el amor de Diego y de expiar la frustración y la impotencia de su minusvalía.

  Las páginas del Diario son un desafío para cualquier lingüista, porque la fractura de su sintaxis es la forma de aprehender un mundo compositivo de mayor eficacia que cualquier estructura estable de oraciones con sujeto y predicado. Es el caótico azar de la violencia de morfologías y predicados, sin aparente conexión, lo que dota de una belleza inédita a esas composiciones que el Diario de Frida Kahlo vislumbra como una manera de aproximarse al sinsentido de una vida; un sinsentido que transcurrre con la temeridad de la muerte, con la adicción a la pintura reivindicativa, habitada por fantasmas y desdoblamientos.
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Apuremos esta luz antes de que el sarmiento arda por última vez

Cartas a Marta, Mundiario.



   En el interior de cada casa, se alumbra con la cera y el fuego. Alguien cuenta los pasos para cerciorarse de que el tiempo evoluciona hacia el mismo lugar. El centeno no ha germinado como aquella vez que nos entretuvimos caminando entre las veredas, rozando las ortigas con nuestros tobillos. Nada era siquiera tan verdeante como ahora que se escucha el agua y la respiración del aplomado cuerpo que mira morir las brasas. No somos nada más que esas podridas hojas a punto de ser incendiadas por una luz que se consume a sí misma. Mientras los perros declaran con su sombra que siguen perdidos, unos ojos cierran toda la certeza de vida.
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Las texturas relajadas que logra Xosé Cobas dominan el libro Cuadros de una exposición



  Con un texto de José Antonio Abad Varela y a través de las ilustraciones de Xosé Cobas, la editorial Kalandraka vuelve apostar por el tema de la pintura como forma de evasión en un mundo en el que las relaciones sociales y las convenciones parecen asfixiar a quien necesita nutrirse de otras experiencias conciliadoras para comprender mejor su propia existencia. En este caso, una oca se adentra en un museo y, como metáfora de cualquier paseante que decide disfrutar de la pintura, Ocazul se introduce en las pericias y atmósferas que desarrollan los diferentes cuadros desde su interior.

  Con una tersura casi palpable, las texturas relajadas que logra Xosé Cobas dominan este trabajo que adjunta además la versión de Sinopoli de la obra de Mussorgsky. Cuadros de una exposición es una reflexión sobre la propia experiencia del receptor ante el arte, una manera de reflexionar sobre sí mismo y sobre el espesor imaginario que se aloja en las fábulas y misterios de las pinturas. Hay un trato amable en la forma de identificar el minucioso universo que bulle en el interior de las escenas pintadas, pero también asoma lo desgarrador y el miedo cuando Ocazul se encuentra sola en la galería y trata de buscar a sus compañeros sin ningún éxito. En ese momento, lo turbio y lo desesperante se confabulan para acechar al ave sin dejar de lado esa otra versión impresionista y estimulante de una música y una pintura que apuestan por la evasión y su delirante serenidad. Enhorabuena a Kalandraka por este trabajo.
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Luz que consumió su propia claridad después de morir los erizos

Cartas a Marta, Mundiario

   Alguna vez nos perdimos en la traducción del poeta griego, conscientes de la necesidad de ese extravío. Imaginamos que la vida sería más intensa cuando sintiéramos el peso de un cuerpo sobre el otro, enfebrecido, disputado. En alguna avenida de Tokio, queda algo de su presencia, porque lo inconsistente también se deja sentir y lo que nos embarga no es que estemos juntas de nuevo, sino que alguna vez desapareceremos sin que haya otra cosa que propicie reconocernos de nuevo. Como en los espejos de aquellos aseos desbastados, como en el recogimiento del mar algún sábado por la noche cuando las carreteras callaban después de morir los erizos.

Fotografía de la web Bodas Artísticas.
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Aspiradoras, la muerte de los peces o vivir junto a Lisa Ann y Rachel Starr



   Era el destierro en el país de los camaleones y la literatura de Henry James lo que nos había hecho rebeldes al cambio. Mientras Rachel preparaba el café sin tacones de aguja, yo rezaba junto a Lisa, Lisa Ann, la versátil protectora de la carne enlatada, la nodriza de aquellos adolescentes que resbalaban en su propia saliva según la veían desfilar por la alfombra de las pieles muertas.

  El ciempiés nos miraba desde la esquina con sus antenas vibrátiles y se conducía después a la oscuridad del temblo. Escuchábamos entre oración y salmo los pasos temidos de unas gentes que, en el sexto piso, descuartizaban corderos y lampreas para luego venderlos a granel en Saint Bournot. Eran los mismos que traficaban con las cintas del cantante que aún hiberna en las cloacas del salón real. Rachel imploraba desde la cocina, Rachel tenía el apellido de su tatuaje y se manejaba con las herramientas y los alambres hábilmente. Pero, eso es otro tema.

  Todo era fugaz en el apartamento, incluso los cuerpos, desnudos, hirvientes, atenazados por la incesante hormigonera de los años que no pasan en balde. Pero yo era feliz con ellas y con aquellas aspiradoras que rumiaban sobre el charco de agua blanca. Aunque Rachel imploraba porque el café no era Volutto.
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Los libros de texto han arruinado a las familias y a todo un sistema educativo



   Los libros de texto cambian la paginación cada año con tal de que las familias sigan apoquinando cientos de euros por hijo. Los libros de texto han arruinado la educación de este país como arruinan a tantas familias cada septiembre.

   Los libros de texto son caros, insuficientes, nada pedagógicos, lineales y llenos de epígrafes donde la memoria sigue siendo el único modo de evaluar. Quienes comercian con los libros de texto son un lobby que no permite una reforma educativa de calidad en este país. La LOE, la LOGSE y la LOMCE solamente han traído libros de texto y más inversión por parte de las familias tanto en la escuela pública como en la privada.

   La educación es un negocio en España, mejor dicho, que fracase la educación es un gran negocio. Yo no utilizo libros de texto al igual que muchos de mis compañeros, pero la presión es máxima en algunos centros donde agentes comerciales y viajantes imploran y suplican para que los profesores recomienden el libro de texto de una editorial. Algunos chantajean incluso con ordenadores portátiles o con pizarras digitales a directivos y docentes.

  Hay que mantener a flote el negocio, cueste lo que cueste, aunque el abandono escolar sea escandaloso en la ESO, aunque no exista apenas innovación metodológica en el aula. Porque no importa que el alumno suspenda y no aprenda. En este país, lo importante para muchos es que el alumno compre su libro de texto.
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Quién es Kiko Matamoros: construyendo y deconstruyendo a un hito de Sálvame



   Yo sigo a los Matamoros desde hace muchos años, pero nunca pensé que el que iba a destacar fuese Kiko, porque al lado de su hermano, parecía el payaso triste, el tino de moderación que le faltaba al otro, irreverente y proscrito. Ahora que veo Sálvame, cuando el tiempo me lo permite, me descubro ante un colaborador que tiene esa mixtura fabulosa de sofista brillante y portero de discoteca que se arremanga para calmar la bullanga.

   Yo veo en Kiko a ese Shaft y a ese Kojak que formaron parte del imaginario de mi infancia, de aquellos tebeos de Punisher y aquellas pelis donde Clint Eastwood se calzaba sus botines de piqué para balacear a los enemigos públicos. Kiko Matamoros es el prejubilado de banca que se niega a morir jugando al dominó en el anomimato de los bares, el simpático Shrek que se viste como Julio Iglesias para batirse con la choni, con la folclórica, con la sirvienta de la folclórica y con los papichulos que se sientan en el plato de Sálvame. A mi me gusta Kiko Matamoros porque es vanidoso, es rufianesco, al mismo tiempo que pusilánime y sensiblero. Hay mucho glamour en el personaje, muchas ganas de afrontar la comedia de la prensa rosa con un rigor impostado y un sentido del humor que saca al Matamoros de la Comedia del Arte, a la antítesis de Polichinela, a un tipo que enamora porque hay un aura de malditismo y de triunfo ante la vida que no pasa desapercibida. Bestia Matamoros y bella Makoke.

   Kiko es presumido porque la vida lo es en su mismidad y, en algunas portadas de Interviú, promociona que hay vida a partir de los cincuenta, una segunda juventud que huye del miedo a morir bajo los efectos del hastío y del sobrepeso de una barriga cervecera. Hizo bien Telecinco en apostar por una figura que ya es una marca del programa, un destello de elegancia y charol en un mundo que agoniza bajo el ímpetu de lo convencional y lo correcto.
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Leyendo a un tal James Salter, el anochecer parece uno de tantos espejismos

   Y sucede que al leer a James Salter uno se encuentra con párrafos como el que sigue: "De pronto oyó que el suelo crujía. Había alguien allí, una silueta bajo la tenue luminosidad, carente de color. Era su esposa. Se quedó pasmado ante la imagen de ella sujetándose la bata de algodón sobre los hombros, el rostro sin atractivos a causa del sueño. Le hizo una seña para que se marchara". Poco más necesitamos para saber que cada fragmento de la prosa de Salter es un espacio donde aparentemente no sucede nada, salvo la intranquilidad de saber que seguimos vivos y que nuestra lectura consume los días que en breve echaremos de menos. Su prosa escueta y concisa reproduce un tiempo que jamás viviremos, una inmediatez ensoñada donde el realismo es tan veraz que parece incierto, irreal quizá. Salter y estos días de septiembre donde los pájaros comienzan a abandonar la antigua sombra de otros que llegaron más jóvenes meses atrás, con otra fuerza, más fulgor, como el que en nuestros ojos se ha evadido.

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Entre las tumbas, arrebatados y perdidos en un cuento de Flannery O' Connor



   No puedo declarar que nuestro tiempo se ha acabado como se acaban algunas historias de ancianos de la mano de Flannery O'Connor. Los trajes siguen colgados en el armario y la infinita bondad de los gatos que reparan en las ausencias comienza a ser molesta. Hay unas huellas que resisten a la inclemencia. En los caminos, los grajos anidan por segunda vez este año.

  Este paisaje sin motivo alguno para ser destruido, salvo por alguna cosa mayor que nuestra rutina, sigue en las páginas de ese cuento que comienza así: "El sacerdote, con su larga cara inexpresiva, apuntalada sobre un dedo, llevaba diez minutos hablando del Purgatorio mientras la señora McIntyre, furiosa, lo miraba con los ojillos entrecerrados sentada frente a él. Estaban bebiendo una soda en el porche delantero y ella hacía tintinear el hielo en su vaso, hacía tintinear las cuentas de su collar y hacía tintinear su pulsera como un poni impaciente que hace respirar sus arneses".

  Arrebatados y despiertos, no obedecemos a las campanadas y los caballos salvajes ascienden por la loma. Una extraña luz calienta mis manos y el revólver sobre la mesa no me parece una herramienta demasiado peligrosa.
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Bárcenas ya tiene película porque el fraude también tiene su merchandising



   Ahora tiene película. Se titula "B" y está dirigida por David Ilundain. Bárcenas ya es una marca que va más allá del PP. Aunque aún sea presunto de no sé cuántos cargos, su palabra y obra pertenecen a esa mitología del mal que tanto gusta al cinéfilo y al literato. La cinta lo ha convertido en personaje de ficción, en aventura quijotesca, en émulo de un padrino, cuya estética es una mezcla de Julio Iglesias y Julián Muñoz.

  Bárcenas es más que Rajoy y Aguirre, porque una película te convierte en un hombre imborrable para los tiempos futuros donde las cúpulas de los partidos habrán caído. Bárcenas será un clásico como esos personajes decadentes y arrebatados de Los santos Inocentes que las hemerotecas conservan con recelo y talco. Bárcenas es la antítesis de Torrente, claro está, y eso le da más categoría, porque hay un halo misterioso en ese aura de gangster que desprende cuando mira fijamente a la cámara, en su mala leche de voz de director de colegio de paga allá por los setenta.

  Bárcenas se proyecta. Su horma aumenta y ahora su tenebroso ser, su mirada de Medusa y su postura de madurito que supera la adversidad de los años, vistiendo con trajes de sastre y esquiando como mi vecino del quinto que vendió dos cocheras y un bajo a un paquistaní para que pusiera una frutería, pueden dilapidar algunas aspiraciones triunfales dentro del PP. Precisamente ahora, cuando llegan las elecciones, cuando el cine se descarga y cómodamante se puede ver en la parada del bus, mientras algunos jovenzuelos que no se han sacado la ESO empapelan la cristalera de un Bankia.

   Me gusta España.
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Con la muerte de Carmen Balcells desaparece una forma innovadora de editar



   La muerte de Carmen Balcells supone personalmente la desaparición de una forma de editar basada en la apuesta firme por obras innovadoras y llenas de controversia temática y formal. A esta agente literaria debemos que Cien años de soledad viera la luz después de un periplo por editoriales que encontraron en el manuscrito de Gabo una literatura impenetrable. Balcells apostó por los autores del "boom", por aquellos autores que habían bebido de Faulkner y de Dos Passos, por una literatura que se inspiraba en la vanguardias y en los mitos ancestrales.

   Hoy, por desgracia, es impensable que los agentes literarios se comporten como hizo la Balcells. Algunas editoriales pequeñas parecen apostar por jóvenes autores que buscan la novedad y el inconformismo, pero la mayor parte de agentes y editoriales han sucumbido a la lasitud y a la desidia con tal de mantener su empresa a flote, sin arriesgar y dar oportunidades a manuscritos que buscan un punto de inflexión en un mundo literario, anquilosado en novelas exóticas, de viajes y en productos que recuerdan a María Dueñas o al negro de algunas presentadoras de magazine.

   Hoy en día, circulan obras magníficas en cuanto a elaboración y temática, políticamente incorrectas y llenas de visionarios mensajes que denuncian la crisis de nuestra posmodernidad. Me llegan muchos manuscritos, pues colaboro con una editorial humilde, Neopàtria, en la edición de algunos proyectos de estos escritores, que son de una notable ruptura, nada convencionales. Sus obras van saliendo poco a poco, pero somos editoriales pequeñas, con problemas de distribución, y ya no quedan Balcells que den un golpe en la mesa y manden a tomar por saco tanta memez de libro.
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Momentos de vida y la visita de unos ágiles pensamientos



   Momentos de vida, de Virginia Woolf, me sigue pareciendo una obra paradójica; algo, sin embargo, previsible en la sinfonía narrativa de la escritora. Retazos biográficos que juegan a la ficción y a la descripción de una vida sencilla y monacal donde, sin embargo, palpita el sombrío pensamiento que se convierte en obsesivo hasta la destrucción de quien lo sufre. Nada se puede esperar de una escritura basada en la incertidumbre que esa lenta aniquilación que la Woolf procura, deshilvanando un discurso que, ordenado, no tendría la impaciencia y la desazón de lo que se vive con intensidad y se ama con sutil desesperación.

   Su autobiografía es un fingimiento, una inmersión en el orden natural de los acontecimientos, un dejarse llevar por la razón y las costumbres, aún reconociéndose que algo se marchita gravemente, una enfermedad propia de los que aman la existencia desde la resignación y el coraje. Nuevamente, celebro su lectura, aunque no pueda dejar de buscarle algún sentido hermoso a su anunciado suicidio: "No me corresponde a mí; no soy la mayor entre todos los presentes. No soy yo quien ha vivido con más intensidad, ni quien tiene más recuerdos. Maynard, Desmond, Clive y Leonard llevan todos vidas muy activas, todos tratan constantemente a los grandes personajes, todos influyen sin cesar, de una manera u otra, en el curso de la historia. A ellos corresponde abrir las puertas de las casas en que guardan sus tesoros y poner ante nosotros esos objetos dorados y esplendorosos que en ellas reposan".

(Fragmento en cursiva perteneciente a la traducción de Andrés Bosch, en Debolsillo, 2009).
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Memoria de una escritura: cuando el poeta W. H. Auden soñaba con W. B. Yeats



   Que la palabra evoca aquello que nos acecha y nos atenaza, aquello que, tras la incertidumbre, descifra un recóndito sentimiento de nostalgia, de no pertenecer a la realidad que no nos satisface, parecen vislumbrarse en los versos de Auden; su versatilidad a la hora de asimilar los clásicos así como las vanguardias dotan a algunos de sus poemas de un tono elegiaco donde es perceptible la modernidad, el verso austero y unas metáforas catalizadoras de espejismos, a veces de tal crudeza que su profundidad se debe a sus matices intranquilos y tortuosos más que a su reflexión existencialista.

  Algo me sucede con su poema dedicado a Yeats (En memoria de W. B. Yeats), una elegía tan hermosa como poco recordada en algunos de los estudios sobre Auden. La exaltación de lo telúrico, la razón del dolor como único motivo para sobrevivir por la palabra y la belleza del lenguaje para transfigurar el mundo en una mera imagen conciliadora entre hombre y muerte surgen en este poema, del que no puedo desprenderme y al que debo invitaros. Bastan estos versos traducidos por Jordi Doce para saber del oficio chamánico de Auden: "Lejos de su dolencia/ Los lobos recorrían los bosques de coníferas/ Y al río campesino seguían sin tentarle los muelles elegantes;/ Gracias al luto de las lenguas/ La muerte del poeta no llegó a sus poemas".
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¡Maldita sea! ¿Quién se atrevió a decir que los intestinos estaban en oferta?



   Estás contenta porque te he dejado repetir, aunque los intestinos no estaban al dente, pero la guarnición me salió exquisita, con su rúcula recién cortada. En esta ciudad hay que registrarse antes de comer esta clase de manjares y el hombre caballo, con su excusa de pasar un rato jugando al póker para olvidar a la mujer libélula y a su potro ciclán, quiso engañarnos esta vez con dos cartas marcadas.

   Por esa razón, recibió lo suyo y la desgracia vino a él en forma de cortadora de césped. Lo pusimos todo perdido. No sabíamos cuánta sangre se guarda en un cuerpo, en un cuerpo con su mitad cuadrúpeda y con su mandíbula oblonga. La biografía de Schubert está manchada con algunos despojos, pero lo importante es el cociente, que, estando bien nutridos, la ciudad y su incremento en hipnóticos parecen otra cosa, como ese jardín que, en el fondo del pasillo, aparece de vez en cuando, con la jacaranda poblada de pinzones.
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Algunos asesinatos van más allá de la de violencia de género



   Los asesinatos de madres, mujeres y niños que, en este país, desde junio han marcado una clase de agenda macabra a veces son objeto de comentario en tertulias y debates mediáticos. Lo que me preocupa es la reasignación automática o resemantización del hecho cruento bajo la etiqueta de un eufemismo que está empeorando, desde mi punto de vista, la criminalidad del atentado contra la otra persona.

  "Violencia de género" se ha convertido en un eufemismo que, si hace unos años, tuvo una eficacia inmediata para definir un perfil criminalístico y de violencia reincidente contra la mujer, parece que hoy está perdiendo ese alcance punitivo y estigmatizador. Asesinatos como el de Cuenca no pueden ser despachados bajo la premisa de un mero maltratador, sino que estamos ante la expresión máxima de un perfil psicopático, donde el asesino vuelve a caracterizarse por un esquema de violencia premeditada, por una realidad psicológica donde la malignidad no está reñida con la estupidez y con un comportamiento patán, como se ha demostrado en la forma de proceder.

  No se puede permitir que, desde el punto de vista mediático y pedagógico incluso, se califique el asesinato como el último escalón de una conducta machista, reprobable y fustigadora. No hay caso de violencia de género en estos crímenes donde un tipo entierra en cal viva a su exnovia y a la amiga o aquel otro que ha mutilado a sus hijas, o aquel otro que decidió quemar a sus vástagos después de sedarlos. El uso de "violencia de género" en estos ejemplos relativiza la gravedad extrema del crimen, porque lo despoja de su carácter sanguinario, explícito y exhibicionista. "Violencia" y "género" son sustantivos que quedan ya lejos de otros sentidos del morir y del crimen en los que la amputación, los tiros a quemarropa, el suicidio, la huida y los enterramientos a cal viva son rasgos predominantes.
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Cuando una vecina llamada Gemma Atkinson abandonó la lectura de René Char



   No querías más tostadoras por tu cumpleaños, Gemma, y eso me dolió tanto como una letra de Nirvana tatuada en la espalda de un pijo. Pero las tostadoras siempre están en oferta y tú tienes el apellido de una marca de electrodomésticos y no hay nada más excitante que la hermosura se vista de vulgaridad, Gemma Atkinson. Preferías ese frigorífico que un fan, antes de practicarse la lobotomía con pinzas de depilar, te envío lleno de botellas de leche semi. Aún buscas el origen simbólico de ese presente, pero no lo encuentras porque jamás has leído a René Char, ni a otros poetas del surrealismo que glosaban los aparatos eléctricos.

   No estás arrepentida por no amar la poesía, por no desnudarte cuando los yonkis quinceañeros se pasean por las azoteas en busca del karma de los gatos y los sonámbulos. No eres sincera, Gemma, Gemma Atkinson, porque sigues bebiendo leche mientras tu cuerpo te exige que juegues con el mío a esos bucles de saliva que tan bien relata Benedetti en uno de sus cuentos. ¿O era Cortázar? Sigues bebiendo leche con ropa breve y con un utensilio de metal en tu boca para que los peces que aspiras sean sesgados antes de rozar tu garganta.
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Pamela, mi Pamela



   Sí, la pionera del bótox y la silicona ya no ha regresado como tampoco lo ha hecho Ana Obregón ni el coche fantástico. Tristes días para rememorar la dicha de aquellos momentos televisivos en que rubias californianas, con escote mesonero, me llenaban las tardes de la siesta y la post-siesta. Tuve hasta un póster y un recortable de aquella Pamela que corría por la orilla de la playa como ciervo que busca las corrientes de agua, Dios Mío, sin usar ningún tipo de bra, ni wonderbra, ni superbra, sino que todo estaba bajo el asilo del sostén Balconette.

   Pero todo eso se ha perdido en el limbo de una tele casposa, que creía fervientemente en las Mamá Chicho y en Natalia Estrada. Yo quiero que vuelva Pamela con su vacuidad, con su rol de vigilante infantilizada y sentimentaloide, con su rol de monitora gym en Brazzer, de MILF que jugaba a un erotismo ingenuo con el placaje de un bañador rojo donde la lycra era una segunda piel. Qué le vamos a hacer, todo pasa y todo queda, como mi póster, como mi recortable, como esa California que parecía Eurodisney en la tele; ni problemas de obesidad, ni de violencia.
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Hoy debería escribir que mujeres como la actriz Silvina Magari me alegran el día



   Lo que más me gusta de mi escritura es que a veces puedo glosar la apariencia venusiana de actrices y cantantes sin que las conozca verdaderamente. No sé con certeza quién es Silvina Magari, salvo por Facebook, por escucharla junto a Cárdenas a través del soniquete de mi transistor, por alguna canción que me llega de Dios sabe dónde. Pero son esos selfies y posados espontáneos que, sin mostrar nada indecoroso, la Magari cuelga en su muro los que me alegran el día. No hay nada excesivamente erótico en su manera de mostrarse, pero es su imaginería de santa del Todocien, de chica Almódovar que sigue encerrada en el ático de Mujeres al borde... lo que me hace clickear un Me gusta.

   Silvina Magari tiene ese aroma decadente y salvaje de actrices italianas inolvidables y un aire de posmodernidad que hubiera servido de musa tanto a Warhol como a una campaña publicitaria de tomate frito Orlando. Unos labios provechosos y suculentos o de vez en cuando un escote pronunciado como esas madonnas y Santas Magdalenas renacentistas, destacan sobre el óvalo de su cara, empañado con un dulce velo de gasa blanca que una luz suavemente empolva. Son esos rasgos los que me permiten soñarla, imaginarla en tantos escenarios del burlesque, en la opereta o en un musical de Grease. Silvina Magari podrá ser la novia de Superman, o Silvina Mangano en Arroz amargo o la pupila aventajada de Dolly Parton. ¿Qué más?. Ya basta. Que siga la Magari completando su hermoso cuaderno de bitácora en facebook, con sus fotografías a lo Annie Leibovitz. Silvina, oh Sivina, híbrida entre la Venus de Botticelli y mi encantadora Luisa, que siempre luce una sonrisa cuando me cobra las ofertas y los tres por dos en mi incólume Mercadona.
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Lo reconozco: soy un tipo corriente, adicto al Sálvame y al Sálvame Deluxe



  Lo confieso. En ocasiones, veo Sálvame y Sálvame Deluxe. Alguien podría decir que es un despropósito, pero mi manera de mirar el mundo, además de embaucadora, es imbécil. Y a veces necesito ser imbécil, sacar el mamífero que llevo dentro y contemplar cómo la decadencia del mundo se compensa con anuncios de pastillas adelgazantes y con el colchón de tres capas de Lo Monaco.

  Soy fan de Kiko Hernández y de Kiko Matamoros, porque hay en ellos más de una cosa que envidio, por ejemplo, la seriedad con la que se adaptan a lo baladí, a la riña de patio, al don incómodo, pero adictivo, de la verdulera y la pregonera de barrio. A veces, después de repasar a René Char o alguna de esas novelitas fustigadoras de Kadaré, me acomodo en mi sofá de segunda mano, comprado en Muebles Anticrisis por cien euros, y lo paso bomba. Porque no soy yo en realidad. O sí soy yo, el hombre estético conjugado con el hombre necio, con ese imbécil que mira el niño de la salchipapa en Youtube a escondidas, antes de sumergirme en un cuento oriental que parafraseó Thomas Mann.

  Es ridículo no ver Sálvame en estos tiempos donde la literatura es políticamente correcta y nuestros ministros toman té con imputados, tiempos donde hay más greguería y pasión en el verbo de Belén Esteban que en algunos profesores de Universidad que campean por sus dominios como grises funcionarios que fuman y fuman para que el tiempo no los desgaste.
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Deconstruyendo a Julia Valoria: música de fondo y señorío a lo Truman Capote



   ¿Quién es Julia Valoria? Si Groucho Marx la hubiese conocido habría dicho que era el quinto de sus hermanos, una Margaret Dumond, cuyo sentido del humor la convierte en un andante antidepresivo en vena que te cambia el día cuando te la cruzas. A mí me gusta Julia Valoria porque tiene lo mejor de lo decimonónico, una elegancia no reñida con el artificio ni el postureo, y cierta decantación al mecenazgo que la colma de una soberbia sana y emprendedora. También tiene lo mejor de la posmodernidad; una concepción frívola de los males y una tendencia warholiana que se refleja en la armadura de sus gafas, en el tinte de su pelo, y en su manera de atraer la atención a través de un verbo fácil.

   A veces, cuando se convierte en el centro de atención de alguna reunión de amigos, desprende ese aroma hipnótico que también Capote tramaba desde su escéptica e irónica visión de la vida. Pero Julia no llega a la insolencia de Capote, ni al sibaritismo de Warhol. Sin embargo, Julia no es mundana, es un personaje literario que se mueve entre la trotaconventos de Juan Ruiz y Remedios la Bella, de García Márquez, un personaje cinematográfico que aspira a Matahari, a espía y amante de Bogart, a una Deborah Kerr en La noche de las iguanas. A Julia debo muchas cosas que me han hecho bien, a Julia debo amar con más intensidad el cine americano, el insomnio voluntario por seguir la pista de Cagney y otros clásicos americanos. Julia se escapó de Sunset Boulevart y aún no lo sabe, pero más vale así que Julia se manifieste desde esa irrealidad espléndida y luminosa con la que carga, como si se tratase de una frustrada actriz americana que aún cree que, frente a su puerta, ha alquilado el Gran Gatsby.
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Cine mudo. V.O. Subtitulada

Un poemario de José Antonio Fernández Sánchez.



  He leído el poemario de José Antonio Fernández Sánchez, Cine Mudo, V.O. Subtitulada, y sería muy fácil reseñar este título bajo la temática de una filia al cine que el poeta revela en sus diferentes textos.

  Sin embargo, es lo invisible, una semántica implícita, lo que prevalece en estos poemas de Fernández Sánchez, pues el cine y su juego interactivo con el espectador no son más que un pretexto y un pre-texto para elaborar una sutil reflexión sobre el arte de la composición. 

  Por esta razón, el autor es consciente del uso de la poesía como un efecto de refracción donde lo interesante es el proceso de indagación, no lo que se descubre en la propia mismidad de las palabras. Este trabajo, publicado en Ediciones La Baragaña, trabaja desde el barroquismo diferentes aspectos de nuestra relación con el arte y consecuentemente con ese mundo de incertidumbre que manifiesta la propia realidad como epifanía de un texto aún por descifrar. 

   El diálogo de contrastes entre la oscuridad y el alumbramiento, las lentes y lo oculto, la negritud tras cerrar los párpados y la ceguera blanca que es, en tantas ocasiones, nuestra relación con la realidad, que muda constantemente sin que nos demos cuenta, obligan al autor a un tono nostálgico dentro de esa intención de basar en la metáfora su apego al mundo. Como el espectador de una película que sucede ante nosotros, confiando en su desenlace previsto: "¿Cómo poner el tiempo en un lugar?/ Es más fácil quitar el tiempo./ La escena así irradia frío./ Y el frío es útil cuando hay dolor". (pág. 29). 

   Detrás de ese juego de pantallas y figuraciones, hay sentencias de una profundidad filosófica que asociamos al existencialismo, un afán de redimirse a través de la propia palabra como constructo del sentimiento y de la interacción entre los sujetos para saber más del otro y de nosotros mismos, aunque tal cosa parezca una utopía. Sus poemas en prosa profundizan en este último aspecto temático: "La mujer, cegada un instante, busca al niño, que ya no está en esta escena. El viento sigue moviendo las sábanas, y el fotograma del resumen queda flotando en el gel de la retina. A lo lejos una voz empieza a emitir el residuo de un sonido, como el grito escaso de una película muda". (pág. 42). 

   Esa asociación entre barroquismo y reflexión sobre la existencia se ampara en una excusa tan seductora como mordaz, el cine como género que traslada nuestras vivencias a una figuración donde todo es asumible, donde todo es controlable, a diferencia de la existencia misma y de los veneros inescrutables de la creación poética.
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No es malo ser de derechas pero el PP ha traicionado ese sentir de la política



   La falta de autocrítica en los medios de comunicación afines a la derecha parece negar la evidencia del fracaso. Habrá otros intereses que mueven a estos tertulianos a vilipendiar una y otra vez a los dirigentes de Podemos, pero intuyo una clase de decepción personal en estos periodistas y columnistas que aún tratan de justificar la pérdida masiva de votos por una revolución judeomasónica incubada desde la Transición .

   Lo verdaderamente triste es que muchos votantes conservadores, católicos, y cuyos actos en su vida personal han sido gobernados por la moderación, la austeridad y la moral, se ven huérfanos de una representatividad política que los ha traicionado con los frecuentes casos de corrupción. Ser de derechas no es malo, pero hay derechas que las carga el diablo y gran parte del PP pensaba que estaba legitimada a regentar la verdad dogmática de la fe y al mismo tiempo a corromperse sin que no hubiese ninguna clase de represalia.

   Me crié en una familia católica que votaba, según venían los tiempos, a la derecha o a la izquierda. Siento pena por mis padres y por tantas gentes que creen firmemente en el mensaje evangélico de Cristo y que, de repente, comprueban a su alrededor que el fariseísmo y las corruptelas han minado sus vidas y la esperanza de sus hijos. Qué terrible. Mal lo tienen también muchos creyentes de izquierda, si no se soluciona rápidamente el problema andaluz. Malos tiempos para la lírica y malos tiempos para la fe.
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