domingo, 18 de junio de 2017

El mercado de la memoria, una novela de frontera, de Enrique Sacerio-Garí

Portada de El mercado de la memoria/ Endymión



El título ya es una clase de revelación y, sin duda, el argumento de esta novela de Enrique Sacerio-Garí profundiza en el desenmascaramiento de la mayor de las manipulaciones mercantilistas: el propio conocimiento de la Historia.
Lo que comprobamos en esta novela, publicada en Endymión, es un análisis riguroso y pormenorizado de la evolución política cubana a lo largo del último siglo. La ficción se convierte en una clase de pacto comunicativo, lleno de certidumbre y de estudio, en el que el lector indaga no solo en la biografía de una serie de personajes, sino también en un conocimiento de las claves que definen la evolución histórica y cultural de una comunidad que vive continuamente en la paradoja del nacionalismo y el exilio.
Todas las biografías de los personajes de esta novela giran en torno al Instituto San Carlos, fundado por exiliados cubanos en 1871 como un centro educacional y patriótico, claro ejemplo del alcance de la manipulación de los datos históricos, de las consecuencias sociales que conlleva un pensamiento monolítico, por intereses lucrativos y corruptelas, alrededor de un conflicto político y cultural como es el exilio y los exiliados de Cuba en Estados Unidos.
Sin duda, podemos calificar esta novela dentro de ese atrayente y revelador género de la novela de frontera, un análisis del bien y del mal a través de dos espacios, a través de una confluencia en la que Estados Unidos y Cuba se convierten en escenarios geográficos y políticos que elevan y someten a sus personajes. La frontera no es solo la geografía, sino esa frontera moral en la que viven los personajes, relegados a moverse continuamente bajo la sospecha y el recelo, presionados por sus propios conflictos internos como consecuencia de su posicionamiento ante el régimen cubano.
 Recuerdo todavía una ponencia que tuve que preparar hace unos años sobre la obra de Reinaldo Arenas, escritor irreverente y magnífico que tuvo que exiliarse una vez que la dictadura de Fidel echó raíces, y he sentido ese mismo sobrecogimiento al leer la obra de Sacerio-Garí, la voz narrativa que surge por la necesidad de hacer visible lo que mediáticamente e históricamente conviene que permanezca invisible, especialmente en estos momentos de aparente apertura en Cuba.
Los personajes masculinos, pero especialmente los femeninos, son víctimas de la persecución del pasado, de la mentira, de un trauma inyectado en sangre, que se hereda de generación en generación, un estigma que los doblega y los conduce a su elevación o a un definitivo hundimiento a lo largo de la novela.
Dentro de esa insurgencia que representa el enfoque crítico del relato hacia la malversación de datos con fines políticos, la heterodoxia de discursos también es otra de las cualidades de esta novela marco: documentos históricos, textos expositivos, narraciones costumbristas y un lirismo evidente en las descripciones contribuyen a que esta novela coral transcienda la propia verosimilitud de ese pacto comunicativo del que hablábamos, para convertirse en testimonio, en una clase de protesta verídica, no verosímil, por la memoria de los exiliados,de los invisibles exiliados. 

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martes, 13 de junio de 2017

Las avenidas de la muerte, de Ramón Bascuñana, poemas de una infeliz nostalgia

Tomo café con el poeta oriolano. Hablamos de lo divino y de lo humano, de lo mal que está el negocio editorial también. Me entrega su poemario de 2003, Las avenidas de la muerte, Premio de Poesía Julio Tovar y publicado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Después de unos días, comienzo a leerlo y me sobrecoge la agudeza y la inteligencia técnicas de este libro a la hora de evocar situaciones cotidianas que todos alguna vez hemos vivido y que nos involucran en una misteriosa composición de la vida a través de los recuerdos.

  Misteriosa composición basada en el pesimismo de no haber escogido la vida que se quería y al mismo tiempo basada en la aceptación de la vida que le ha tocado vivir, donde el poeta extrae sus momentos trágicos y otros que reivindica como dichosos y eufóricos: "(...) pero a pesar de todo me he comprado un coche/ nuevo y un mapa de carreteras para viajar/ por el país quizás si busco bien pueda encontrar/ en algún cruce de caminos al ángel triste/ que vigila el fracaso de mis sueños perdidos" (pág. 31).
 Estos poemas son trazos biográficos que miran al futuro con escepticismo, pues el pasado se ha volatilizado y solamente quedan impresiones anodinas y un sustrato de infelicidad que obliga al creador a defenderse en la escritura de esos miedos que lo atenazan, como si la virulencia de lo antaño pudiera repetirse en el presente: "(...) he vivido una vida que no elegí/ he pagado deudas que no contraje/ he soñado sueños que no recuerdo/ he viajado por mundos que no existen/ he matado gente que no conocí/ he escrito versos que no recuerdo (...) (pág. 28).
 Hace tiempo que un libro de poemas no me emocionaba tanto por esa sensación de acabamiento, de revelación cuando la infancia y la juventud se convierten en tiempos de desengaño ante una vida que nos espera con imprevisibles derroteros, pero que Bascuñana advierte como una repetición de los acontecimientos ya vividos. Quizá sea esa combinación de realismo y belleza formal la que nos adentra en esa paradoja, atrayente, iluminadora, donde la felicidad o la infelicidad son relativas, pues lo verdaderamente importante es resistir en esas avenidas de la muerte: "(...) vivimos en habitaciones separadas/ tú habitas en la luna/ yo habito en la certeza" (pág. 45).

Las avenidas de la muerte, de Ramón Bascuñana/ MGP
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lunes, 5 de junio de 2017

Criando ratas, una película de Carlos Salado sobre la decadencia y la derrota

  Más que recomendable para proyectar en algunas clases de instituto, Criando ratas es una película de Carlos Salado que rescata ese cine neoquinqui de los ochenta.
 Ambientada en algunos barrios de Alicante, la película muestra con un notable realismo el hundimiento moral y económico de algunas comunidades humanas como consecuencia de toda una sólida estructura de vasallaje en torno a la droga, la prostitución y el robo.
 Nadie puede ver esta película como se ve una obra de Haneke. La falta de presupuesto y las dificultades de rodaje hacen de esta cinta una narración con más de una incongruencia, con saltos temporales que despistan al espectador. Pero se le perdona, porque lo bueno es su capacidad hipnótica, su retrato sufriente e intimista que vemos en personajes hechos con una crudeza admirable, valga la antítesis.
 Los actores lo bordan en algunos momentos pese a ser gentes anónimas y sin recorrido artístico; algunos provienen de la marginación. Salado hace visible lo invisible, pone encima de la mesa la depresiva realidad social en la que se sumergen cientos de familias que parecen inexistentes, sacadas de otro tiempo, de otro lugar que damos por borrado, pero no. Lo que muestra Criando ratas existe todavía y la película denuncia la inacción política,educativa y jurídica ante problemas sociales que acaban devorando a víctimas y verdugos. El presentismo como forma de supervivencia conduce a eso, a lo efímero, a la caducidad instantánea, a morir joven, a encontrar en el trapicheo y en la extorsión maneras de resistir mientras otros miramos a otro lado. Triste.

                                 Criando ratas. / ABC
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Un poemario publicado por Chamán Ediciones: El libro blanco, de Augusto Rodríguez

 Me sumerjo en El libro blanco. Estoy en Madrid, concretamente en un Starbucks de Callao. Leo este libro del tirón y vuelvo a algunos textos que me han parecido sobresalientes. La obra de Augusto Rodríguez es una memoria biográfica del dolor ante la ausencia. El poeta descubre en el cáncer de su padre el sentido de esa sinrazón que es el propio desarrollo de la vida; la mortalidad y la agonía se nos revelan como espacios de conocimiento y de motivación hacia la escritura: "Abriremos un bosque nuevo con el impulso claro y desafiante de las palabras. El diálogo tiene que ser un puente entre el cerebro y la fantasía" (pág. 83).

 Chamán Ediciones apuesta por la obra de un autor que se maneja notablemente en la prosa poética, en el verso y en el aforismo, un autor que es hábil a la hora de indagar en uno de los tabúes de nuestra sociedad y que no es otro que el miedo a morir y el miedo a contemplar los nefastos efectos de una enfermedad en una persona que fue importante para nosotros: "Todo lo que conocemos se está volviendo polvo y azufre. Lo que sientes en tu corazón ya no lo sentirás más" (pág. 125).
 Hipérboles y visiones estremecedoras contribuyen a ese carácter fractal del libro en el que Augusto Rodríguez reconoce que el lenguaje es inefable, que su origen está reñido con la incapacidad para nombrar aquello con que la propia naturaleza nos escarmienta. La enfermedad es una forma de escribir los recuerdos, de olvidar lo malo, lo que parece ajeno, pero que está unido a nosotros a través de la savia, la sangre, el gen.
 Escribir y enfermar se abrazan en este Libro blanco como única posibilidad de escape, de liberación ante la incomprensión de por qué vivimos y de por qué hemos de morir: "Tal vez seremos la escritura rebelde que el agua no se lleva. O tal vez estemos condenados para siempre, a vivir como enfermos entre las cuatro paredes de este mundo". (pág. 73) Y, pese a esa condena, Callao no cesa.

                               Portada de El libro blanco/ Chamán                 
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domingo, 4 de junio de 2017

José Herrero, músico: "La experiencia te va moldeando como un trozo de arcilla"





                              José Herrero. / J.H


José Herrero es un joven artista que comenzó hace unos años la aventura que emprenden muchos jóvenes, labrarse un camino en la música desde cero. Existe una generación de cantantes y músicos que trabajan incansablemente todos los días en tener un espacio dentro del complejo mundo que es la producción músical. Redes sociales, conciertos en pequeños locales, vídeos subidos a Youtube y maquetas son algunas de esas formas de promoción y publicidad que José Herrero busca para dar a conocer sus canciones. Este artista de Orihuela, en Alicante, forma parte de una generación que ha encontrado en las nuevas tecnologías y en los directos una manera de transmitir sus pensamientos y emociones. La virtud de Herrero es esa combinación de lirismo y crítica social dentro de un género tan multiforme como el pop.

Canciones como "Rapaces de ciudad" "Víveme" o "Al final de la noche" tienen esa esencia reconocible del pop, pero afincada en una clase de improvisación natural que consigue esa interesante combinación de previsión y espontaneidad que a veces se echa de menos en muchos artistas. A continuación, José Herrero nos habla sobre todos estos aspectos en la siguiente entrevista. 
– ¿En qué momento decides comenzar a componer? ¿Cómo son tus inicios en esta vocación artística?
– Antes de llegar a Madrid jugaba a escribir canciones y cantarlas con amigos que tocaban. Cuando me mudé a Madrid, en septiembre de 2008, empecé a vivir con una amiga, que también es compositora y tenía un piano en casa. Recuerdo sentarme al piano a penas sabiendo dar algún acorde y, después de algunos días, nació “Noviembre” ante la necesidad de contar mis primeras experiencias en la capital, amores, autobuses y mucho frío fueron mis primeros recuerdos sensoriales. Pero no fue hasta unos años después, tras la ruptura de una relación bastante tóxica que agarré mi piano y encontré en las canciones la forma de conectar conmigo y recuperar mi identidad. En esas primeras canciones quería transmitir a los demás la posibilidad y la fuerza para dar un giro a sus vidas. Podemos perdernos para aprender y volver a encontrarnos. Permitirnos vivir para continuar en la búsqueda… Fue mi mejor terapia y mi motor de arranque con la composición. Desde entonces no he dejado de hacer canciones.
– Observo en las letras de tus canciones, una tendencia al pop muy clara, pero cuidando el lirismo en tus letras, es decir, le das una gran importancia a las letras.
–Desde mi punto de vista el pop es un género muy amplio y abierto a cualquier tipo de letras… intento que los mensajes que quiero transmitir sean claros, pero también busco la belleza del lenguaje. Las emociones están dentro de uno mismo, solo hay que dejarlas salir y que se expresen.
– ¿Hasta qué punto consideras que el término “cantautor” puede ser un acierto o un desacierto a la hora de definirte como músico?
Depende de cómo apliques el término. Obviamente escribo y canto mis canciones, con lo cual soy autor de lo que canto, pero no me siento identificado dentro del género musical a lo que solemos entender como cantautor. Es cierto que, cuando toco solo a piano y voz, que ha sido el formato con el que más conciertos he dado, todo suena más a cantautor, pero la perspectiva cambia bajo la producción musical que es al punto al que quiero llevar todas mis canciones.
– ¿Qué influencias tiene tu manera de hacer música?
– Mis principales influencias son mis experiencias. Más que influencias son las motivaciones que me llevan a expresarme musicalmente. Nunca he buscado hacer un estilo de música concreto ni seguir modas. El estímulo llega de fuera, otras veces de la (auto)observación. Me quema desde el estómago, mi corazón lo traduce en emociones y mi garganta lo golpea hacia afuera, apoyado por el piano.
– ¿Hasta qué punto la experiencia y una conciencia crítica y social determinan algunos de tus temas?
– La experiencia te define, te va moldeando como un trozo de arcilla en el tiempo. Cada día doy gracias a la energía que me ha llevado a vivir como vivo y las experiencias que me han ofrecido mis circunstancias de vida, a veces las provoco, otras llegan solas. Podría haberme quedado en casa y optar por una vida “más fácil” pero no más feliz para lo que yo entiendo como vivir. No pretendo hacer una crítica social en algunas de mis canciones, aunque a veces lo haga inconscientemente. Me doy por satisfecho si alguno de mis temas puede ayudar a cualquier persona a ahondar en sus emociones y pensamientos y a deshacer algún nudo emocional, a poner en palabras lo que pasa por sus corazones, ya sea por una cuestión emocional o vital.
– La siguiente pregunta es más que necesaria. ¿Crees que el CD es un formato acabado? ¿Crees que las nuevas plataformas digitales son una manera adecuada de difusión y promoción musical?
– Me parece muy romántico el formato CD o el vinilo, pero se venden muy pocos discos. Cuando te gusta mucho un artista, tener un CD es como tener un trocito de él o ella, pero a día de hoy tenemos acceso inmediato a toda la música del mundo, ya sea comprándola en un segundo a través de internet o escuchándola al instante en plataformas como Spotify. Me parece mucho más útil como artista emergente darme a conocer a través de plataformas digitales y redes sociales.

> Página Oficial Facebook: http://www.facebook.com/HerreroOficial > Videoclip Rapaces de Ciudad: https://www.youtube.com/watch?v=6o8pGHIkLwE > Instagram: @jherrerooficial > Twitter: https://twitter.com/JoseHerrero_
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jueves, 1 de junio de 2017

Acero en los labios, de Isabel Marina, un poemario sobre el dolor de la escritura

Acero en los labios, publicado por Ediciones Camelot, es un poemario en el que Isabel Marina escribe con intención de mostrarse. La autora no esconde la crudeza con la que percibe lo traumático que significa la propia existencia.
Una violencia soterrada a través de imágenes apocalípticas se enfrenta a una contenida expresión de símbolos que elevan sus versos a una necesaria síntesis conceptual. Pese al uso de estos símbolos, pese a un manejo talentoso y maduro de los mismos, sobrecoge la esencialidad de algunos versos que muestran una visión dura y realista de la vida, pues exhiben con franqueza, aunque la franqueza resulte un hecho paradójico al hablar del fenómeno poético, el dolor y el miedo como experiencias inherentes a la escritura.
Y, entonces,
comprendemos
que estamos solos,
paranoicamente solos,
aferrados a esta radio,
a estos temores que nos fingen,
a este dolor agusanado. (pág. 21)
En el poemario, encuentro la sutilidad de una escritura meditada, un aprendizaje basado en la lectura de diversas corrientes donde destaca un tono posromántico que se acomoda a esa percepción nostálgica, al mismo tiempo que intranquila y feroz, de una realidad que defrauda. Lo llamativo del conjunto es ese contraste de la belleza de algunas imágenes con la dureza de los sentimientos que se expresan. 
Desgasta este sol mucho antes de ser ancianos,
nos sobrecoge el hastío en noches de fiesta,
y nos damos la espalda, desvanecidos,
como fósiles tallados en ámbar. (pág.43)
Ese tono juanramoniano prende en esa concepción de la soledad como un acabamiento, pero también como una manera de estar en el mundo, una manera de explorar los límites de la escritura, de darle una horma al dolor de vivir en la convicción de que la felicidad no es duradera, sino más bien un encantamiento para presentir la demora o la precipitación de la muerte.
Se agigantan temores,
inquietud de siglos rotos,
siniestra luz pálida.

Insensibles cuerpos vencidos
con nieve en las entrañas. (pág. 32)
Otra de las características del poemario es la concisión. Isabel Marina conoce el oficio y sabe que el ornamento y los retoricismos perjudican la expresividad y el contenido de lo poético. Por esa razón, el libro, pese a la gravedad de lo que subyace en cada verso, se caracteriza por el don de la levedad con el que el lector asume ese mensaje de desasosiego ante lo inexplicable de la muerte, ante el abandono que causa el hecho de meditarla.
La poesía como purgación vuelve a comulgar con una voz que alberga una verdad indisoluble: los signos no pueden explicar el porvenir, pero al menos sí describirlo.
Moldes de nuestro cuerpo
surcan el río caníbal,
impresiones lacerantes,
desórdenes internos.
Las palabras son la lluvia
que nos quema por dentro.
Cercados por sombras inútiles,
borrachos de miedo. (pág.47)


Acero en los labios./ Ediciones Camelot
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jueves, 25 de mayo de 2017

Hilos: sugerencias para una lectura de un poemario de Chantal Maillard

Me sobrecoge la poesía de Maillard. Siempre lo ha hecho. La autora tiene esa capacidad para manejar el lenguaje con la intención de crear espacios de incertidumbre a través de una selección léxica en la que los versos son una máscara de lo secreto, de lo oculto.

Este razonamiento que parece una indiscutible generalidad del fenómeno poético está explícito en Maillard. El hecho de reflexionar sobre la escritura, al mismo tiempo que se experimenta sobre la soledad que mutila el presente y el futuro, es una forma de introspección donde el espacio y el tiempo no existen, salvo en el propio acto de escribir: "El cuello, sí, ahí, el cansancio. La mano en el muslo, por fin, sin saber cómo" (pág. 59).
Hilos seguido de Cual, publicado en Tusquets, en 2007, es adentrarse en el silencio de los actos que nos convierten en eremitas dentro de nuestros propios recuerdos, vivir en la palabra y no poder escapar de ella, esperar a alguien que no conocemos, pero cuya llegada es inminente, sentir la amenaza de un sosiego que es similar a la extinción: "Pero ha pasado el tiempo, ya nada es importante, sólo el aire, tres sílabas apenas, en la página".( 139)
Hilos llega a poseerte. Porque su sintaxis es inherente al misterio, pues ocurre que es el silencio, las elipsis, las transiciones entre un verso y otro, aquello que provoca el estremecimiento, ese agradecido naufragio de imaginar que los sentimientos están por descubrir, por elevarnos: "Digo nostalgia y cruje la arenisca en los cristales de Damasco. Digo nostalgia y amanece. Cf. En Damasco. Una daga de sol, atravesando la cortina mal cerrada. Digo y recupero, por eso escribo cf. Algo miente, la escritura o el recuerdo de lo escrito" (pág. 63).

                                 Chantal Maillard./ blogdelesllobes.wordpress.com
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martes, 23 de mayo de 2017

Página en construcción, de Luis Bagué Quílez: un poemario sobre la creación

  Quería conocer la escritura de Luis Bagué.
  Un poeta al que estimo mucho, Joaquín Juan Penalva, me recomendó que leyera Página en construcción, XXV Premio Unicaja de Poesía, editado por Visor. Sin duda, algo válido para el análisis de otros libros de poesía como es conocer y reconocer en la poesía las influencias del autor, sin otro fin que esclarecer asuntos de los versos, resulta inútil en el caso de Baqué, porque Página en construcción es un crisol de múltiples corrientes y de voces estéticas que el propio autor reconduce hacia un lenguaje propio, replegado en sí mismo, con unas referencias metaliterarias donde la vida es simulación de la propia escritura, de los géneros, de sus estructuras lingüísticas: "Nunca olvides cómo se representa una tragedia, el ovillo invisible de la fábula, el ojo del destino mirando el porvenir desde la cerradura, (...) (pág. 15).
  Página en construcción es un cuaderno de bitácora donde el autor reflexiona sobre acontecimientos universales a partir de experiencias personales; la razón o la sinrazón de la pérdida, la incertidumbre ante un futuro que se mira ya con nostalgia antes de que suceda y la sensación de extravío ante un presente que se diluye, sin que podamos hacer nada, son algunos de los motivos que mueven a este creador a identificarse en los versos, a construirse desde el único asidero que le queda, los signos: "El ritmo también es un idioma, un lenguaje de pasos que se acercan, el ruido de una copa de cristal y una huella de luz cautivada en la sombra de un zapato" (pág. 38).
  Al mismo tiempo que Bagué reconstruye su vida desde lo cotidiano, es evidente su rechazo al consumismo y al automatismo que describen muchas de nuestras rutinas y que, en el poema, nos involucran en una especie de sub-texto donde la nostalgia, la incertidumbre del futuro y cierto grado de escepticismo ante los dogmas que nos gobiernan se convierten en temas recurrentes: "En días quisiéramos tomar las calles por sorpresa y atravesar las horas a traición, igual que los pasillos de los supermercados, entre flores de plástico, canciones en rebajas y el saldo del desprecio repasando la lista de la compra" (pág. 33).
Los referentes culturales del cine y de la propia literatura aparecen como una manera de definir la escritura, una escritura que condena la mentira de los espejismos de la posmodernidad, el vacío de los dogmas, la cultura contemporánea vivida desde una concepción apocalíptica, muy lejos de la euforia o del asombro: "Hemos visto las calles sin estatuas, las estatuas sin ley ni gravedad, bibliotecas sin libros, árboles despoblados.Mira el televisor, mira la vida y dime si es verdad que el futuro no tiene porvenir (págs. 26-27).

                                               Página en construcción./ Visor  
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lunes, 22 de mayo de 2017

Derek Walcott: una imagen imborrable, un verso que prende en la memoria

No me quiero. Miro en el espejo del ascensor mientras desciendo a la rutinaria cadena de acontecimientos. Los imprevisibles son ya demasiado previsibles. Miro en el espejo y no soy yo. Ni ese otro hombre que escribe por temor al tedio y a la insoportable levedad de un café descafeinado. Hay que tener huevos. Un café descafeinado por la mañana es un tributo a la pereza y a los narcóticos.
Se me ocurre un verso que nunca escribió Derek Walcott: " La niebla se extiende hasta tus manos o nace de ellas". Un verso malo, nada que ver con ese barroco sutil de: "¿Por qué estos versos duermen cual sol enrejado en un césped que enjaula ufana paloma?". Es un verso que ha traducido Luis Ingelmo y emociona, aunque el barroco no sea sutil, aunque el mundo se incendie un día más por el hastío y por las máquinas de comida rápida.
Un verso construye el mundo. Un verso comienza con un verso. La lengua es otro lugar, inmediato, lejano. Derek Walcott no toma café descafeinado.
Háblame de luces y de esas leyes que te impiden expresarte como un hombre corriente, querido Derek.

                    Obra de Erwin Olaf./ ba-reps.com/
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domingo, 21 de mayo de 2017

El grupo musical Radiohead fascina con su espléndido trabajo, A moon shaped pool

  Hay grupos que son increíbles. Sencillamente increíbles. A moon shaped pool vuelve a reconciliarnos con la vida. Es lo que define mi relación con este grupo. Me reconcilia con la vida. Me sumerge en esa serenidad inquieta que tiene el hecho de mirar a la existencia, a mi existencia, como un milagro que no volverá a repetirse.
  Lo bueno de Radiohead es que es auténtico y que todos sus discos son un género literario. Van más allá de la música porque su genialidad es visual y lírica. Este trabajo de 2016 no renuncia al espíritu de Radiohead, a su fascinación por la atonalidad, a su virtuosismo de guitarras y teclado, a los coros, a las disonancias de su cantante emblemático, a esa sensación continua de improvisación, pero que, según pasan los minutos, descubres que no existe.
  Todo eso es Radiohead, y esa balada final que te vacía completamente: True Love waits. El disco merece la pena solo por esa canción final, y por el inicio trepidante de Burn The Witch. 
  A veces, es necesario confiar en un clásico para reconciliarte con este mundo de mierda.

                                    A Moon Shaped Pool, de Radiohead./ Wikipedia
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PJ Harvey y Stories from the city, stories from the sea: un disco para recordar

 Aún recuerdo las revistas calificando a PJ Harvey con toda clase de nomenclaturas y subgéneros. Daba miedo y asco al mismo tiempo. Recuerdo que, por finales de los noventa, cualquier disco de Oasis o de Blur inauguraba un nuevo estilo y una nueva categoría. Y eso era insoportable. No hablemos de Radiohead o de Pulp, y de tantos otros.Aquella gente solo hizo lo que tenía que hacer, buena música,muy buena música, dentro de la horma inabarcable del pop.

 Anoche volví a Stories from the city, stories from the sea, de la Harvey, y me siguió pareciendo un disco sencillamente genial. Un disco limpio, con los matices suficientes para ubicar a la Harvey en los párametros del rock y, en ese desafío constante contra el machacón y edulcorado pop de los ochenta.
 Siempre hay algo nuevo en este disco, aunque resuene en su sustrato algo de Patti Smith o de los Ramones como en el tema "Good Fortune". Ese final con "We float" es colosal, una invitación a desaparecer del mundo y de ti mismo al más puro estilo de Thom Yorke y su banda.
 Lo que hace de PJ Harvey un ser tan genuino es que, como en los grandes, la fusión no suena a fusión, sino a lenguaje propio, a marca, a golpe en la mesa. Una fuerte carga emocional y un lirismo simple, pero rabioso, se unen en esta tendencia del disco a la ensoñación, a sumergirnos en desiertos urbanos en plena noche o a mirar al horizonte como si el mar fuese una loma en la que poder perderse para siempre sin nadie, salvo con esa mochila de sentimientos que revive uno cuando escucha, después de los años, cada tema.

                   Image result for pj. harvey
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Warpaint, música que fusiona toda clase de estilos para crear la melancolía

  Escucho Heads up, del grupo Warpaint, y me sorprende gratamente esa frescura y esa creación de atmósferas donde lo inquietante y lo monótono se combinan para lograr una clase de espacio sonoro en el que la imagen eufórica y colorista de conciertos en vivo y macroraves se combinan con cierta fragancia oscura y trágica.

  En la estética del grupo, hay una resonancia a la música disco de los noventa y que, sin embargo, se funde con un carácter transgresor que recuerda mucho a Cocteau Twins. Su disco es un ritual de baladas y música disco donde un tono fúnebre y significativamente nostálgico se acomoda a las letras que una voz coral seduce constantemente.
  Me gusta Warpaint porque, sin ser distinto, lo parece, porque me gusta esa música que tiene a la melancolía como forma de comunicación sin omitir una base disco que permite sumergirte en esa tendencia homogeneizadora de convertir cada melodía de tu vida en una misma banda sonora. ¿Qué salva a este grupo? Su vínculo con el pop y su rigor fúnebre, apagado, a la hora de cantar. Una buena propuesta, sin duda.

                              Image result for warpaint
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sábado, 20 de mayo de 2017

Las chicas de Seattle asedian nuestros perfiles de Facebook todos los días

  Las chicas de Seattle ivanden mi perfil de Facebook todos los días. Son mozas devotas de la silicona y del Dr. Frankestein. Algunas se hacen fotos sexys en su gimnasio, con más boca que cuerpo, como si fuese verdad que existiese la barbie choni o la choni barbie. Me gustan que me pidan solicitud de amistad, porque son las chicas de Seattle las que me hacen soñar con que hay un mañana. Seattle, Seattle,... una Atlántida americana donde solo germinan estos bellezones de plástico y escay, y cuyas fotos llenan Face y que me dicen que aún soy un hombre apetecible.

  Yo no conozco Seattle, pero debe ser algo parecido como al pueblo de los malditos: genes para rubios correctos, de facciones armónicas y ojos claros. No sé qué buscan estas chicas en mí porque yo no tengo ni dinero, ni fama, ni me parezco a Mario Casas. Espero que no busquen lo que esas niñas preciosas del Pueblo de los Malditos o esas amazonas vampíricas que Tarantino y Robert Rodríguez nos sirven en bandeja para que caigamos en la siniestra seducción del pecado capital que más dinero da a Brazzers, la lujuria.
 Pero son las chicas de Seattle las que me hacen soñar con que aún puedo decir "no" a mujeres que luchan por su podio en la mansión Playboy. Las chicas de Seattle hacen posible que yo pueda permitirme el lujo de decidir, por ejemplo, que no me apetece tener como amiga a una discípula de Melania y de las Monster High.
Seattle, te llevo en mi corazón.

                               Modelo de Guess
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Mantras para bailar, poemas de Álvaro Hernando para reconciliarse con la vida

Leo el libro que Álvaro me envía desde el otro lado del océano. Lo hago varias veces. Hay una sencillez en su lírica que me conmueve, pues cada poema se asume como una oración, como una canción popular donde la danza cobra todo el protagonismo.

El mantra de versos que se repiten y de palabras que enfatizan ese sentimiento de apego a la vida no oculta lo que también supone la existencia, de fatalidad y de cruel enfrentamiento a la dura ley que nos iguala a todos. La muerte está presente en esa danza como símbolo de un lenguaje universal, identificable y revelador.
Publicado por Pandora Lobo Estepario Productions (chicago), Mantras para bailar sorprende por esa obsesiva inclinación a buscar en el baile una forma de evadirse de la realidad o de pertenecer a ella con la idea de que no somos más que parte de un todo, de una sinfonía de acciones, de estímulos y percances que se involucran dentro de la evolución hipnótica y sin sentido del propio Universo: "Solo se baila animal./ Solo los animales bailan porque el baile es el previo al lenguaje. / Bailar es bestial, / es volverse ( volver a ser) bestias").
Arraiga en sus textos una necesidad por llegar a la esencia de las cosas, sin apenas retórica u ornamento, como si Hernando buscase en la sustancia, en los referentes del recuerdo y del presente, esa forma de estar en el mundo, reivindicando esa virtud dionisiaca que se aloja en el propio reconocimiento de los instintos. Esto último no significa, sin embargo, olvidar que los malos presagios, la enfermedad y la muerte también nos hacen humanos en su propia mismidad, sin tener que renunciar a la naturaleza en su vastedad, al baile de la tribu: “He rebuscado en mis bolsillos y he encontrado todas las notas de mi padre”.
El poemario persigue esa voluntad chamánica de recuperar la capacidad oral como forma de evocar el mundo y de comunicarse con el otro lado, con la otra orilla, con ese espacio indeterminado, oculto, secreto y revelador, al que la poesía, como la oración, solo conduce.
Enhorabuena, Álvaro.

                                              Portada de Mantras para bailar./ Facebook
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