miércoles, 30 de diciembre de 2015

Star Wars: El despertar de la fuerza, vuelta a la épica sin arriesgar demasiado

  El despertar de la fuerza me entusiasmó, porque soy fanático de la saga desde mi infancia. La nueva entrega tiene la virtud de los grandes filmes, esto es, son capaces de imitarse a sí mismos. De la mano de Disney y con J.J. Abrams como maestro de ceremonias, la película rescata a vivos y muertos de anteriores ediciones para rendir un tributo a personajes y a actores que ya son leyenda para aquellos que fuimos niños y jedis.

Fotograma de El despertar de la fuerza/ www.elperiodico.es

  El rito de iniciación, el enfrentamiento entre el bien y el mal, la opresión de la dictadura, las leyes caballerescas y los códigos de honor son esas claves que hicieron que la obra de Lucas se convirtiera en hito. En El despertar de la fuerza, tenemos a Han Solo, a un nuevo Dark Vader, a nuevos aspirantes a jedis y esas secuencias de persecuciones y misiones imposibles que fueron ya una marca allá por los ochenta. Abrams no arriesga nada, va a lo seguro: copia desde argumento hasta los droides y los monstruos de la taberna. La épica de Lucas en cuanto a la verosimilitud de la acción y a algunas partes del guion sigue siendo inmadura y Abrams copia al creador de la saga hasta en los errores. Pero nadie le puede quitar a Lucas el talento de haber hecho unos personajes entrañables para la historia del cine. 

  Sorprende lo dura que ha sido parte de la crítica con la película, como si algunos cinéfilos, no fanáticos de Star Wars, esperaran de El despertar algo parecido a Casablanca o a Ciudadano Kane. Star Wars son películas de aventuras en el espacio, con errores de bulto, porque a veces lo pide la propia naturaleza del género, pero que guardan ese fondo adictivo que tiene toda épica medieval; los héroes no saben que lo son y aparecen cuando la comunidad más los necesita. El mesianismo y una pseudomoral cristiana hacen que Star Wars entre en nuestro imaginario como película de culto y la VII lo hace por la puerta grande, con sus grandes errores. No hay duda de que el western nunca murió y que las leyendas del ciclo artúrico tampoco.
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La Orihuela golosa, un libro de historia y recetas, escrito por Julia Valoria

Julia Valoria junto a una lectora/ M.G.P

  El pasado viernes 18 de diciembre, se presentó en el Casino orcelitano, de Orihuela (Alicante), el nuevo libro de Julia Valoria, La Orihuela golosa, editado por Onda Gráfica y cuyos beneficios están destinados a Cáritas. Como en Orihuela, dulce patrimonio, la autora oriolana ha hecho un compendio de recetas de dulces tradicionales transmitidos de generación en generación que son testimonio de la propia historia gastronómica de La Vega Baja. 

  La repostería conventual sigue siendo una herencia imborrable a la hora de preparar toda clase de dulces y postres que el libro de Julia Valoria nos presenta con un lenguaje claro,preciso, en ocasiones anecdótico. Las ilustraciones de Roberto Ferrández Gil suman a las descripciones de las recetas el valor de lo manual en las artes,enfatizando el carácter de orfebrería que tiene la cocina de nuestros ancestros. Pellas, bizcochos, toñas y toda clase de variaciones de dulces conforman este pequeño tesoro que se suma a la etnografía de una ciudad histórica como Orihuela, donde la burguesía, la nobleza y el clero convivieron durante siglos.
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El reggaetón como género discursivo que incentiva la violencia de género

Cartel anunciando fiesta de Reggaetón/www.datpiff.com
  Nadie discute ya que la música comercial se ha convertido en una clase de discurso homogéneo donde las tendencias y estilos apenas existen, pues lo que existe es una gran BSO de música simplista, con letras simplistas, atemporal, ucrónica. La mayor parte de la música que escuchamos contra nuestra voluntad tiende a fusionar el rap, el tecnho y ritmos latinos en una clase de pensamiento único que se reparte en cadenas de radio, discotecas, tiendas de ropa juvenil o gimnasios.

  El reggaetón forma parte de esa tendencia que recoge lo peor de la música popular americana, lo peor del techno, lo peor de las letras que algunos raperos llaman "poesía" (y se quedan tan panchos). Son muchos los bloggers que intentan proteger el género de su relación con la violencia machista, justificando que el rock, el mejor rock, también fue misógino en su momento. Lo peor de todo es que, sin faltarles razón, no analizan el problema de fondo.

  El rock nace como un síntoma de rebeldía social y como reflejo de las sinrazones que movían a muchos colectivos marginados hasta que se convirtió voluntariamente en mercancía. El reggaetón nació ya como mercancía y con unas carencias intelectuales y estéticas que el peor rock pudo subsanar sencillamente despareciendo.

  Pero el reggaetón no lo hace porque es un producto simple, sin competencia apenas, se imita a sí mismo, se destruye a sí mismo, fácil de intuir, fácil de memorizar, fácil de bailar, fácil de asimilar en la ducha, en el hotel, en el coche, en el retrete. El reggaetón es fácil en general y su violencia machista va acompañada de la peor de las desigualdades, la desigualdad intelectual. 

  Ripios machacones, pseudoraperos de fondo y repeticiones melódicas constituyen una argamasa que obliga a infantilizar a los adultos y a adulterar a los adolescentes a la hora de conformar sus relaciones sociales. El reggaetón da dinero de una forma simple y rápida, y eso encanta a las productoras que creen en los valores morales, seguro que sí, pero la moral no genera riqueza, porque no tiene naturaleza de mercancía. Lo que da dinero es jugar a ser transgresor, a convertir la música en un producto ágil, prefabricado y que sea tan efímero y consumible como los grupos que lo difunden.

  Es triste y la solución no existe, porque el reggaetón es un objeto y no un género musical que podamos analizar,criticar o con el que enriquecernos emocionalmente según pasan los años. El reggaetón se toma y lo escuchas en cualquier lugar, por mucho que no quieras; el reggaetón es otro de los triunfos del capitalismo y, detrás de cada canción, hay mucho adolescente que se le va la pinza, y mucho treintañero que maltrata a la novia y le chasquea que él perrea cuando quiera y con quien quiera. Madre del amor hermoso.
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Eidolon I, Arcadia desolada, de Pedro Juan Gomila Martorell

   Hacía mucho tiempo que no leía un poemario de las características de Arcadia desolada. Publicado por La Lucerna, su autor, Pedro Juan Gomila, nos introduce en un mundo personal, eminentemente hermético, cifrado en metáforas e hipérboles desgarradoras que conducen un sentimiento de rabia y desesperación a referentes bíblicos y mitológicos. Podemos declarar que el poeta busca un sentido a esa existencia que se contempla más allá de la exigencia que supone sobrevivir, pues el acto de escribir es un hecho virulento y tortuoso.

Arcadia desolada,poemario/ juandediosgarcia.lagallaciencia.com

   Su poesía está compuesta por una salmodia que continuamente increpa a los otros, a los garantes del poder, a la providencia, a su injusta manera de administrar los acontecimientos. Su tono elegíaco no está definido por la sutilidad, sino que el autor usa el hermetismo de las imágenes como una forma inteligente de explorar los propios sentimientos de frustración e impotencia ante los embistes del propio devenir. El logro de su escritura es que Gomila Martorell cultiva una poesía que recuerda a Lautréamont, a un malditismo que prefiere la mordacidad, la exageración y el expresionismo con el fin de llegar a esa inefable realidad que representa el misterio de la existencia, su génesis y su abdicación, a veces no elegida y no merecida.

  Un sustrato de referentes clásicos subyace en sus versos, pero sugeridos desde un afán destructivo, como si el dios fuese ese ángel exterminador que predestina al escritor a su propia extinción a través de este lenguaje abigarrado, lleno de contrastes. Solamente lo que se expresa de manera barroquizante parece interesar a Gomila porque la realidad así lo es; la vastedad de lo que se percibe se refleja en la complejidad de unas estructuras lingüísticas y en la severidad del tono que nos recuerdan que el creador es un ser inconformista, que la escritura nace de una insatisfacción y que obras como esta Arcadia se consuman desde un hermoso fracaso: escribir es una violenta forma de ser intransigente ante el destino más previsible. 

  "Sorbo en la escudilla de la podredumbre/ leche de espermatozoides sin flagelo; no quiero que desaten las enervaciones/ las gastadas cuerdas de mi cuerpo tenso,/ rígido al extremo de la extenuación;/ cargo sobre el dorso lamelancolía,/ como de piano de cola deslustrado,/ y,dándole un beso de culebra de agua,me separo de los huesos de mi madre,/ muñeca de cera que pule su espejo;/ pero cuán amargo es el descubrimiento (...)" (pág. 46).
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Gracias a los nuevos lectores de Rostros de tiza

Agradecido al IES. Francisco Cascales por invitarme el pasado viernes 18 de diciembre a hablar sobre mi novela juvenil, Rostros de tiza. Gracias a sus profesores, especialmente, Inma Perán.


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Hundido

  Cuando vayas a la charca, no amenaces al hombre hundido. Sé amigable con los animales del lodo y bendice la grandeza de los espinos donde los pájaros crucifican a los insectos. Que en tu cuerpo resida la marca impura de ese amanecer que abre futuras zanjas.

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martes, 29 de diciembre de 2015

Los mejores destinos arqueológicos en España

Una obra viajera de Pepo Paz


Pepo Paz, en uno de sus destinos arqueológicos
Pepo Paz, editor de Los mejores destinos arqueológicos en España/www.nuevatribuna.es

  La editorial Anaya publica Los mejores destinos arqueológicos en España, una revisión de los espacios míticos de nuestra Península. La belleza del paisaje se fusiona con la historia de un pasado legendario en el que la indagación del fotógrafo y el historiador se convierten en una revelación chamánica. Redactor y editor de este volumen, Pepo Paz, conjuga su visión historiográfica con una sensibilidad emotiva que acerca el espacio a una nueva vertiente de significados: antropológicos y poéticos, sobre todo.


Portada de Los mejores destinos arqueológicos/ Anaya

  El volumen recoge lugares enigmáticos y sagrados que abarcan desde el Paleolítico inferior hasta la Caída del Califato de Córdoba: más de cuarenta destinos que comprenden desde yacimientos arqueológicos hasta arte visigodo, mozárabe y prerrománico asturiano. Emocionan especialmente esa basílica natural que es la confluencia mítico-artística de las cuevas de Altamira, los dólmenes de la Rioja Alavesa y el capítulo dedicado a La Mancha en la Edad del Bronce, la fortaleza de la Motilla del Azuer.

  En el caso de este trabajo de Pepo Paz no estamos ante una obra meramente informativa, sino que su prosa, sin restarle valor a la importancia de la documentación, es intuitiva y clara, marcada por una percepción sensorial que reconoce en el espacio ese halo mistérico que domina aún cada lugar. La importancia de las pinturas rupestres o los párrafos dedicados a la cultura castrense reafirman esa misión, más allá de lo divulgativo, que persigue el editor, ya que este volumen consigue así ese equilibrio entre lo que son destinos turísticos y aquello que los hace significativamente emocionantes y reseñables; su visita nos afecta como si estuviésemos ante un mundo reconocible, pero al mismo tiempo ignoto, intencionadamente desconocido, sin saber muy bien por qué.

  Como me confesó el propio Paz por teléfono, este volumen es una manera de reescribir los temas arqueológicos, puesto que la Arqueología ha cambiado en cuanto a técnicas de investigación desde hace ya varias décadas. Por tanto, los textos de la obra tienen esa voluntad explicativa de conceder al espacio y a su entorno el protagonismo necesario al reconocer en los elementos que ahí yacen una propia etnografía de lo que significa históricamente nuestra Península: un intento cada vez más objetivo de recomponer aspectos culturales de nuestra presencia en el mundo, accidental y maravillosa.


Enhorabuena, Pepo, por este trabajo.


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domingo, 27 de diciembre de 2015

Ella lo cogió de los pelos

 Ella lo cogió de los pelos y le enseñó a rezar. El boxeo guarda la memoria de los antiguos vencedores; la sangre y la violencia son tan importantes en la naturaleza como el celo y la cópula. Sam lo entendió en seguida y ella, después de que sonara la campana, dando por acabada las oraciones, le acarició los pómulos y lentamente, con una suave mordida en la yugular, se nutrió de aquella lánguida linfa.

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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cíngulo y estrella, Cancionero, de Marta Sanz

Un poemario de Bartleby Editores


  El particular universo que caracteriza a la poesía a Marta Sanz en libros como este no dista de aquel otro, Vintage, publicado también por Bartleby editores, que tuve la oportunidad de reseñar meses atrás.


  El lastre de la rutina, el alcance significativo de los objetos y los espacios, fragmentos de películas y viejas litografías construyen cada uno de estos poemas de amor desde una leve consistencia. La brevedad de las composiciones y la elipsis de predicados junto a todo ese material de los recuerdos nos adentran en un cancionero que dista de sentimentalismos pueriles y manidos. Lo que destaca en este poemario es que las relaciones sentimentales se cifran desde la ruptura de la monotonía, buscando en lo cotidiano de las acciones una forma de transcender la propia realidad consumada, el hastío de su existencia, embargada por las convenciones y la repetición.

  Cada verso oculta un peculiar microcosmos que relaciona el estímulo de lo que se percibe con un imaginario personal que Sanz cultiva como otra versión de la existencia. Sus poemas se definen por la amplitud semántica de los detalles, por las reminiscencias que evoca lo común desde su particularidad. El objeto define lo que somos,pero no olvidemos que al final lo material es una falacia de aquello que se caracteriza por sus complejos matices, por un deseo contumaz de pertenecer al otro a través de la simbología de las cosas. El afecto no es consecuencia de un idealismo ingenuo, sino resultado de la resistencia de la pareja ante la erosión de todos los días.

  Se vislumbra en Cíngulo y estrella cierta superación del desengaño que conlleva la idealización de las relaciones, pero que no escapa a cierta nostalgia que la caducidad del tiempo y del cuerpo infunden en ese acompañamiento de los seres a lo largo de los años. Sanz invierte el tópico de que el amor transforma el mundo. Al contrario, el mundo transforma los afectos y el pensamiento sobre los mismos.

"Ahora,/ yo me acuesto/ con mi pijama rosa./ Y tú,/ con tu pijama azul./ De la seguridad social." (pág. 37)

"Deberías contarme/ muchísimos más cuentos/ antes de dormir./ Vallar la pradera/ y alicatar la cúpula celeste./Llenar de tabiques/ las habitaciones./ Dejar menos espacio/ para evitar que sea yo/ quien lo imagine todo/. Y me parta de risa./ Y me muerda las uñas./ Y quiera/ y no quiera./ Saber" (pág. 13).
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Cantando en voz baja, un poemario de Héctor Castilla



  Creo que los malditos existen y el poemario de Héctor Castilla es una forma de adentrarse en ese mundo de las márgenes, de la vida que vibra en la periferia, en la noche como un espacio ucrónico para los súcubos.

  Devoré anoche este libro, publicado por Balduque, porque me recordó que hay una realidad paralela que cultiva inexorablemente el placer del dolor y de la autodestrucción. Porque el poeta murciano quiere usar la reivindicación para crear literatura y no al contrario; su poesía no se puede calificar dentro de una literatura social. Castilla es testigo de la injusticia y de los atributos malignos de la soledad; ese testamento es el que utiliza como material literario para construir su propia versión de la realidad y de sí mismo.

  Lo mejor de Héctor Castilla es esa esencia a Vilas que subyace en cada poema, la herencia de letras rockeras y de ese soniquete amargo, pero seductor, de las letras de Dylan. Lo mejor del poeta murciano son esos finales rotundos, unas codas que cierran cada poema como una última extenuación porque lo anterior es una decadente mirada a las calles, a sus espectrales criaturas, a los interiores de bares y pubes como catacumbas de un tiempo perdido donde la supervivencia es la clave de cualquier proyecto de vida.



  Castilla es eficaz con la técnica, porque el autor sabe que lo literario perdura sobre la protesta y su testimonio, a través del recurso, será perdurable, suficiente para lastrar durante mucho tiempo esas excrecencias que acumulan los perdedores dentro de sus pensamientos. Cantando en voz baja ha sido una revelación, una manera de posicionarse ante la poesía, lejos de los tópicos de muchos poetas sociales que renuncian a la literatura porque no saben o porque les puede el sensacionalismo de lo inmediato.

 Castilla ha superado no cae en ese juego y sus poemas en mí han hecho que siga tomando a los ausentes, a los solitarios, a los adictos, a los tahúres como los héroes de unos momentos, los nuestros, que van a la deriva. Enhorabuena, Héctor, y un placer publicar contigo en la antología En legítima defensa, de Bartleby editores.

  "Ella usa las palabras/ como navajas sobre objetos blandos,/ y al volver a esta casa/ alquilada yo recuerdo que finge/ ser respetable en la cola del supermercado;/ y sé que si le fuera posible desearía/ una voz con menos ira que la propia/ ahora que toda la casa es sólo/ un sofá con una manta que nunca/ llega a cubrir los pies. / Ambos sabemos que escribir/ es fracasar como nadie se atreve/ a hacerlo. Me parece/ tan torpe afirmar que ya somos libres;/ sólo nos queda la costumbre:/ ese hábito de no saber vivir". (pág.24).
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martes, 15 de diciembre de 2015

Una novela metacomunicativa de Miguel Ángel Hernández

Portada de El instante de peligro/ Foto de Anagrama

   Ya lo hizo con Intento de escapada y resulta que su nueva novela, El instante de peligro, publicada por Anagrama, vuelve a arriesgar formalmente con lo narrativo. El autor murciano es una de esas voces que aspira a convertir la novela en ese testimonio de lo contemporáneo, lejos de textos históricos y malas versiones melodramátias con las que nos apabullan librerías y centros comerciales. El instante de peligro, Finalista Premio Herralde de Novela, es una reflexión sobre la capacidad del recuerdo y el arte como manera de perdurar en el tiempo, como una purgación de la frustración que supone la muerte de los seres más queridos.

  Si en Intento de escapada encontrábamos, además de la reflexión sobre la frivolidad del arte moderno, un relato social sobre las desigualdades, en esta nueva narración se vislumbra -junto a lo artístico- una narración sobre los efectos destructivos de algunas relaciones humanas cuando el idealismo del amor sigue perviviendo en los protagonistas como una extraña fuerza que los arroja continuamente al abismo. El arte vuelve a ser vórtice de esas energías y reflexionar sobre su capacidad persuasiva y poética, como hacen sus personajes, es un intento de superar las falacias de las convenciones. La frivolidad del arte contemporáneo no es el motivo de crítica en este caso, sino que la imagen, las instalaciones, las performance y el cine son una regeneración de la propia realidad. Su existencia supera la pérdida del otro. Su impresión, su percepción, por ejemplo, mantienen con vida a quienes se fueron para siempre. Lo perdurable es fantástico, entendiendo lo fantástico en su sentido etimológico, una manifestación de lo que alguna vez aconteció.

   Martín descubre en un trabajo de interpretación artística una vía para completar su propia identidad, para cerrar el círculo de una vida fracasada y quien le encarga ese trabajo, Anna Morelli, necesita que esas imágenes por interpretar culminen un particular proceso personal de autodescubrimiento sobre el sentido de vivir y de añorar.

  Miguel Ángel Hernández arriesga porque se atreve a convertir la novela en un texto versátil, de suma complejidad, donde lo ensayístico se mezcla con la secuenciación de los acontecimientos, donde el carácter enciclopédico y científico de algunas reflexiones está perfectamente hilvanado con las acciones y caracteres de los personajes: apariencias que deambulan a lo largo del texto buscando en los misterios de unas imágenes la personalidad del otro que es también la suya, la que no conocen e igualmente sobrecogedora. Si tuviera que poner un pero a la novela, es que a veces hay demasiado sentimentalismo en esas relaciones que deberían ser más turbias y confusas entre los personajes. Pero el balance es extremadamente positivo por novedoso y por buscar la transcendencia en la propuesta de la novela. 

  Un aura a Antonioni rodea muchos pasajes del texto y la impronta de Jonathan Coe en La lluvia antes de caer, pues la fotografía revela que la violencia y la frustración son demasiado evidentes en una imagen que trata de esconder todo sutilmente.
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sábado, 12 de diciembre de 2015

Cavallet de mar, el nuevo poemario de Miquel Català



  El nuevo libro de poemas de Miquel Catalá, editado por Neopàtria, es un libro bicéfalo donde el poeta valenciano muestra, a diferencia de anteriores trabajos, la versatilidad de su lenguaje para denunciar realidades sociales injustas sin dejar que ese mundo autónomo, exquisito por su brevedad y ensoñación, lo abandone. Cavallet de mar es una crítica severa primeramente a la frivolidad política que ha dado la espalda a los excluidos y desahuciados, también una reivindicación de la lengua catalana y de la propia territorialidad como forma de dignificar la pureza de lo ancestral, la necesidad de regresar a Ítaca, porque la coyuntura es aborrecible debido a sus corruptelas y sus desidias: "aguantar és la consigna/ que nasqueres en pecat/ és per sempre la condemna/ no ho havies demanat/ aguantar és la consigna/ de les classes dominants/ que si el pobre no treballa/ veurem ells de què viuran/ aguantar es la consigna (...) " (pág. 35). 

  No estaba acostumbrado a reconocer a Català en esta clase de versos, pero esta poesía es el síntoma de una insumisión que muchos compartimos ante la degradación moral de las instituciones y de quienes nos representan. Lo que hace a este poemario tan atractivo es que esa acción social se fusiona con el Català esteta, con ese meditativo y postromántico escritor que a mí particularmente tanto me seduce. El poemario no renuncia a su poesía breve, llena de matices y estímulos, como un cantar viejo, desposeída de adjetivación, inspirada en la añoranza de los espacios y sus gentes, pero sin caer en el sentimentalismo: "cel mutant ataronjat/ efímer com fugaç estel/ fràgil com el seu esguard" (pág. 65). 

  Ahí se reconoce a Miquel, en ese paisaje idealizado, algunas veces turbio, típicamente mediterráneo, en el que conversa con los ausentes, con la infinidad del mar, con la limpidez del firmamento, con la umbría del Benicadell: un retrato de soledad donde las apariencias y las sombras son más manejables y más verdaderas que la propia realidad a la que asiste como un testigo escéptico: "petita lluna morena/ fes-me llum al camí/ és tan absurd el destí" (pág. 75).  Al leer a Miquel reconozco a Margarit, pero también a ese tardío Romanticismo que repara en el recuerdo como única forma de sobrevivir al presente; un tono machadiano se perfila en esas evocaciones que elabora con meticulosidad, dejando entrever que en el detalle se vislumbra el sobrecogedor existir de todo cuanto nos rodea: "jo tinc un far d´esperança/ un pinet dalt de la serra/ núvols rosa de la prada/ una platja de capvespre/ blava papallona alada/ el meu cavallet de mar/ els poemes a l´amada" (pág. 101).

Enhorabuena a Miquel por su generosidad conmigo y por este trabajo.
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viernes, 11 de diciembre de 2015

Campañas políticas made in El Hormiguero



  Lo de este país es de traca, no es de esperpento, es de hiperesperpento. ¿Qué digo? De ultrahiperesperpento. Con la que está cayendo, con las cifras de paro que tenemos, con los recortes en Educación y Sanidad que estamos sufriendo todos, con las subidas de impuestos, nuestros políticos se han dedicado a hacer campañas made in El Hormiguero. 

   La frivolidad con la que ha sido tratada la política y su acción social por parte del PPPSOE y los emergentes no tiene parangón. Adormilar a la sociedad con la impronta del marketing, el carisma, la cercanía y la falsa bonhomía no sucedía ni con Nerón. Un insulto. Porque lo que debían hacer estos que mandan es proponer seriamente con números cuál va a ser la mejor manera de morir, que es a lo que está abocada mi generación y la de mis nietos. 

   Lo de este país es de traca, porque mientras ellos acceden a jugar a túlallevas con Pablo Motos y Bertín, en España el sistema educativo público se pudre, se pudren los pólipos y los tumores en las listas de espera, se pudren los cincuentañeros en la puerta del INEM, se pudren los periódicos y se pudre la putrición que engendran los mentideros de Ferraz y Génova. Me pudro yo. No importa. Aún los votaremos porque la tele y la política van de la mano y su infantilismo es, por desgracia, un infanticidio en más de una esquina. Amén.
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jueves, 10 de diciembre de 2015

Perdurablemente anfetamínico, de J.M Prado-Antúnez,

Un poemario surrealista


Perdurablemente anfetamínico, de J.M. Prado-Antúnez. / M.G.

  Llega a mis manos el poemario de J.M. Prado-Antúnez, Perdurablemente anfetamínico, publicado por Colección Complugenia de Poesía, y me sobrecoge la rebeldía de su lenguaje. El tributo al surrealismo como forma de expresar dicha rebeldía domina los poemas y, si bien su lenguaje nos resulta complejo, barroquizante en muchos de sus momentos, seduce, sin embargo, por ese enconamiento contra lo racional y contra el orden.
  Hipérbatos y metáforas que conducen a otras metáforas convierten estos textos en una clase de fractales que son una analogía del caos en el que socialmente vivimos. Paradojas, contrastes y versos que cabalgan sobre otros nos muestran esa fiebre de aparente escritura automática donde la forma irreverente es una manera de comunicar microuniversos atrayentes y llenos de matices inspirados en todas las posibilidades de significado que irradian las diferentes palabras escogidas.

  Prado Antúnez se sirve de la sustancia de la palabra para construir y destruir las realidades que sucesivamente van apareciendo en sus versos; los referentes son volátiles y solamente el rescoldo del significado que acaba de desvanecerse sobrevive como una brasa que incendia la palabra y los versos que le siguen. Destrucción, caos, el paisaje como desolación del poeta ante las incertidumbres del existir o el recuerdo como otro mundo paralelo en el que sostener la cordura se entremezclan en los diferentes poemas.

  Perdurablemente anfetamínico no nos deja indiferente, porque cada poema es una reacción en cadena donde el significado o el tema como único sentido del texto se nos escapa. Lo significativo es la constelación, la suma de perplejidades que connota cada sustantivo inmerso en la propia indomabilidad de la sintaxis.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Los muertos dejaron de desayunar

 Las hormigas descendían por su pelo y no tardaron en refugiarse en los huecos de la médula. La mirada nos arrastró hasta el silencio herido de los omoplatos. Los pingüinos murieron al atardecer y los ascensores encerraron a los representantes de Lara Croft. Una vez la vi en la tele, sin las hormigas, y todos los muertos dejaron de desayunar a mi alrededor.

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José Antonio Cayuelas charla en Rafal sobre series de televisión



   Ayer por la noche el profesor de Física del IES. Santiago Grisolía de Callosa de Segura, José Antonio Cayuelas Grau, impartió una conferencia en la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Rafal (Alicante) sobre las series televisivas americanas y su influencia en la sociedad española.

   La revisión del western en clásicos como Bonanza o en series de ciencia ficción como Star Trek revelaron la necesidad del entretenimiento y la evasión en los últimos años del franquismo y a lo largo de la transición. Los Vengadores, Misión Imposible o Superagente 86 dejaban entrever ese recelo hacia el apocalipisis atómico que la Guerra Fría había dejado en la sociedades americana y europea.

  Con motivo del ciclo de conferencias "Encuentro con uno de los nuestros" que ha organizado el Ayuntamiento de Rafal (Alicante) dentro del 375º de la fundación de la localidad, José Antonio Cayuelas apostó por esa atractiva revisión del cine americano hecho para la televisión; una forma de difundir ideas y  reflejo de los procesos sociales que, en Estados Unidos, se estaban generando: la lucha contra el racismo, la mujer como objeto sexual, la justicia americana como ideal único de equidad en series como Ironside.
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domingo, 29 de noviembre de 2015

Alba Ballesta y una novela metaliteraria, Rari nantes


   Llega a mis manos la primera novela de Alba Ballesta, Rari nantes, y, sin querer abusar de paternalismo, me sorprende el talento narrativo de esta joven oriolana por varias razones. La novela recurre a un tópico literario como es el ejercicio de confundir autor-personaje, pero lo interesante es su habilidad para manejar diversos niveles del relato donde la estructura y su evolución son tan importantes como la identidad psicológica de los protagonistas.

    Un profesor de instituto, Álvaro Aliaga, encuentra en una novela similitudes azarosas con su vida así que su aburrida existencia se transforma en una indagación sobre el creador de ese relato, descubriendo que quizá sea su propia biografía la ficción de un libro dentro de un maduro juego de personajes secundarios. Este ejercicio unamuniano que Alba Ballesta plantea como trasfondo de su trabajo demuestra un profundo conocimiento de diversos referentes literarios que, de forma explícita, van apareciendo a lo largo del texto.

  El costumbrismo, el hastío de las rutinas, el intelectualismo como un inútil ejercicio de protesta y un aire de decadencia y de frustración continua en los entornos que habitan los personajes convierten a Rari nantes en una reflexión sobre la banalidad del arte en estos tiempos, pero también en una revelación personal e intransferible de que la escritura es una forma de vivir intensamente más allá de lo cotidiano. La densidad de la narración por el detallismo minucioso de algunas descripiones, la necesaria lentitud de la vida de Aliaga y su apática visión del mundo calan en el lector.

  Solamente la literatura puede salvarlo, solamente averiguar de una vez por todas quién es, a pesar de su mundo monacal, podrá sustraerlo de esa posmodernidad que tan duramente critica Ballesta en algunos pasajes, especialmente cuando la monotonía abruma a Aliaga así como la soledad en la que duerme su vida interior hasta que la literatura lo despierte.

  Rari nantes ha sido publicada en Gadir Editorial y ha sido ganadora del Premio Joven 2014 de la Universidad Complutense de Madrid, en su XVI edición.
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domingo, 22 de noviembre de 2015

Una pelirroja y unos hipocampos

  Todos los muebles flotaban en el aire y el perfume de tu novio era el exquisito aroma que los muertos respiran una vez que los gusanos ayudan en la fermentación. No has sido una mujer inocente. Ni tu amiga que dibuja con sangre la cábala que resucita animales de metal y políticos que negocian con hipocampos en los vertederos. Que Dios nos pille confesados.

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Anna y las vestales

 Las sábanas reclaman el enunciado asertivo de tu sexo violento. Estás entumecida por la poesía de Rilke y por las armas que aparecen en las novelas de McCarthy. No suspires por la eclosión de los huevos, sino por la aparición de esas vírgenes suicidas que quieren alistarte en su ejército de difuntas vestales que roban niños una vez al mes.

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Puntos suspensivos

  El italiano ha muerto después de los puntos suspensivos y el restaurante cerró con la invasión de hormigas. Un escritor es un  ser itinerante y muerto antes de nacer. Los cuervos son preciosas joyas que se engarzan en la pechera del estilista. Yo he visto morir a los poetas en las encimeras y al italiano que los marcaba con una cruz en la frente. Los puntos suspensivos son cianuro para todo exégeta.

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viernes, 20 de noviembre de 2015

Los días extraños, de Manuel Rico

Poesía sobre lo fugaz




   No soy un experto en la poesía de Manuel Rico, pero hace unos meses llegó a mis manos su nuevo libro, Los días extraños, publicado en Valparaíso Ediciones, y ha sido reveladora como en textos anteriores del autor  esa intensa nostalgia que genera cada uno de sus poemas. Nostalgia en griego antiguo significa regreso y esos días extraños, extranjeros, bárbaros, a los que Rico se refiere en su título son una meditada introspección sobre el sentido de existir. El poeta es un contemplador que usurpa sus lugares comunes para reinterpretarlos, para asumir diferencias sutiles que aboguen por una nueva existencia más vivificadora, lejos de su mortal huella.

   Lo que emociona de estos poemas es la capacidad para evocar desde la atmósfera envolvente que exuda el terreno agreste, el detalle casual de los interiores de las casas solariegas o los paseos por la sierra. Todo resuena como una experiencia vivida también por nosotros, una resonancia fatal que, de la nostalgia, nos conduce a saber que alguna vez desapareceremos de esos rincones que, sin embargo, permanecerán. La autenticidad de su voz no surge solamente de esa madurez técnica, sino también de una sabiduría recóndita, chamánica, extraña, que relaciona el paso del tiempo con una clase de severa resignación, de inútil padecimiento, donde a veces la alegría aparece como una esencia inconsistente, pero necesaria, para que recordar no sea una experiencia inasumible, sino una experiencia envidiable y llena de matices desconocidos.

  En Los días extraños se halla la serenidad del tiempo detenido cuando el recuerdo deja de serlo para tornarse en premonición, en una clase de vértigo silencioso que genera esa mirada compasiva y no menos terrible de la presencia de los ausentes, de los recuerdos que no se volverán a vivir de la misma manera o sencillamente ya no se volverán a vivir. Los versos de Rico no están exentos de un ritmo prosaico, de aforismos contundentes, de breves anotaciones que convierten estos días en un cuaderno de bitácora donde ser feliz es presentir que lo hemos sido. Por alguna razón, la memoria voluntariamente trata de elaborar ese crisol de imágenes para que no suframos conscientemente. Para que merezca la pena sobrevivir pese a los reveses y los años.

   "El mundo florecía en la página y en el borde dudoso/ de solapas reescritas con fines comerciales./ Como un pájaro atrapado en su vuelo,/ como la novedad extraña que nos parece ajena/ mientras nutre/ el tiempo no poblado, las horas vírgenes,/ con miedos y quimeras, con certezas y dudas,/ con la chispa del ángel destruido,/ con el vino aviejado de los bardos nacidos al poema/ y sus trampas/ en un siglo tan duro como el veinte". (pág. 77).

   "Envejecidos, a veces, los encuentro/ en las lecturas: rostros que fueron luz/ y casi adolescencia, gesto/ de asombro, que ahora lucen/ la densidad del tiempo y sus excesos,/ sus raíces, sus sombras, su noticia avergonzada/ de la vejez". (pág. 83).
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Caronte y la mujer del parche

   Las mujeres explotaron de placer y el confeti dibujó el nuevo sendero de la iluminación. La mujer con el parche dirigió su mirada unívoca al Infierno, mientras Caronte la despedía, abrumado por los gritos de la orgiártica fiesta. Los chivos incansables la rodearon también a ella y, como no tenía miedos infantiles, dejó que la violencia la poseyera hasta la eternidad azufrada.

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viernes, 13 de noviembre de 2015

Luz y Mercadona

   Todos los alquimistas la reclamaron para el ejercicio. Luz del fuego en sus hebillas y el arma empuñada. No hay más que decir, salvo que las lentejas se le quemaban y que una noche confundió un oso con una mofeta. Todos los alquimistas la reclamaron para quebrar piernas a los éforos de Mercadona.

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Suicidio virgen

  Todo suicidio es virgen y los payasos lo saben. Por esa razón, aman las figuraciones con lencería blanca y meriendan en los patios en los que las quinceañeras se asoman para conversar con el delgado viento. Los alambres se anillan alrededor de los meñiques y los payasos exploran el dolor de la incisión. No caminan los bueyes por estos lares y comentan los payasos que el maquillaje los ahuyenta como ahuyentan todos los espectros.

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domingo, 8 de noviembre de 2015

El suicidio del gorila

 Me han deprimido las noticias sobre el suicidio del gorila y que tus manos amputadas hayan recibido el castigo que no merecían: manos que ascendieron por la fachada de Wall Board en busca de los anillos del Rhin. La muchacha que las capturó se llama Camile y es conocida por su lengua bífida y por ser la tatuadora del cercenador de cabezas. Me ha deprimido que, en mi mundo, las rarezas sean ya un tópico, una costumbre tan frecuente como los corruptos y las babosas en los charcos de agua marina.

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viernes, 6 de noviembre de 2015

Románico después de asesinar

 Estudiaba Clásicas y el repecho se le hizo duro. La espada pesaba demasiado y quiso Dios ver que el sacrificio daría sus frutos, hermosa muchacha. Te has corrompido en la fuga, desquiciando la serena paloma que se guarda detrás del armario.

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sábado, 31 de octubre de 2015

Piernas de modelo

 No te puedes imaginar que el incendio haya restaurado las extrañas formas que giraron en nuestra cama antes del estallido. Hay demasiada luz entre tu cuerpo y su asesino. Detrás del ciervo disecado, aún puedo presentir las sombras hiperbólicas de sus piernas de modelo.

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viernes, 30 de octubre de 2015

Lo acompañaron

  Lo acompañaron hasta el final del promontorio. La luz los sacudía y la mujer, tras escupir el vino, determinó empujarlo. La luz los sacudía y los fresnos vibraban en la hora crepuscular, cuando todos los animales reposaban antes de girar en la oscura bruma que los cerniría. La mujer se calzó las botas lentamente y el cuerpo del hombre yacía sobre las piedras y los otros que también miraban aspiraban el polvo iluminado.

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miércoles, 28 de octubre de 2015

¿Podemos confiar en el actual líder del PSOE?

Pedro Sánchez o la sombra de ZP




No me fío de Pedro Sánchez porque veo demasiado marketing detrás de su persona, un postureo reconocible en los últimos años de ZP. Hay un halo de maniquí y de gesto demasiado estudiado que me recuerda también a Obama, pero Obama no tiene casos ERE ni una señora feudal que, en breve, a poco que los resultados no sean favorables en las generales, querrá dar el salto a la Moncloa.

Pedro Sánchez es un Ken, de generación Barbie Cool, demasiado guapo, demasiado cercano, demasiado smart y trending, y otros adjetivos en inglés que acaban en -ful. Lo que más me molesta de Pedro Sánchez no es Pedro Sánchez, sino su programa político, que sigue siendo irrelevante en temas claves como la educación o el mapa político. De hecho, su federalismo me suena a la alianza de civilizaciones de Zapatero y yo odié profundamente aquella boutade de ZP que costó millones de nuestros impuestos mientras la educación pública seguía en barrena.

Pedro Sánchez es un Hacendado político, una marca pura, light, descafeinada, sin defectos, que viste bien, que huele a colonia desde que se acuesta hasta que se levanta y cuyo postureo le lleva a telefonear a Jorge Javier Vázquez cuando se le levantan en armas los ecologistas.

No sé, pero me temo que la marca PSOE casi ganará las elecciones, porque Rajoy es el juguete roto de Aznar y el "Luis, sé fuerte" lo lleva grabado a fuego en la frente cada vez que mira con sus pupilas vacías. Podemos morirá de éxito, así que el Rivera lo tiene fácil, si aguantan algunos de sus ediles que ha cargado el diablo y que están colocados en ayuntamientos y diputaciones.

Veremos lo que pasa con Pedro y con sus asesores flow, y con Pablo, y con Alberto, y con Mariano. Pero todos se parecen, todos tienen marca y mucha mercadotecnia. Rajoy no, porque Rajoy ya no es joven ni se parece a Kortajarena.
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El restaurante Yakitoro, de Alberto Chicote

Y una camarera que se llama Alba




  De repente, en plena Gran Vía, te encuentras un Aokigahara, la reproducción minimalista de un bosque japonés que la marca Chicote ha logrado enhebrar haciendo visible la cocina de pinchos y ensaladas en el centro de su propio establecimiento. Lo que más llama la atención es que hay concepto, ganas de gustar y de transmitir algo más que sabor.

  En el Yakitoro, no hay estafa, no hay experimentos con gaseosa, no se paga por los escenarios, ni te sirven un flan para siete. Aunque pueda a sonar a topicazo, Chicote equilibra perfectamente la diversión, la estética y un crisol de sabores deliciosos, misceláneos, con una tendencia eminentemente orientalizante, pero que todo suena a nuestra cultura: costillas, bocadillos, pinchos, ensaladas, arroces.

  La decoración del restaurante es un tributo al bosque, a la madera y, por consiguiente, también a la pureza de los alimentos, a su crudeza, a su esencia, al carbón; por esa razón, se observa que, en los platos, hay un primer elemento básico, fundamental, que luego el maestro transforma ligeramente con la brasa y todo tipo de aromas inescrutables, logrando una exquisita disonancia donde prevalece la carne o el pescado sobre todo lo demás. No hay otro fin que dotar al producto base de diversas connotaciones que uno recuerda después de las horas.
 
  El precio es asequible y el personal atiende con diligencia y amabilidad, especialmente, una camarera llamada Alba, de ojos claros y espigada, nerviosa y sincera a la hora de aconsejarte. Para el Yokitoro, no olvides una buena compañía, pues, como asegura Cameron Diaz, en una entrevista de Cosmopolitan, no estamos para perder el tiempo en cenas y compañías insulsas, nada estimulantes. Enhorabuena, Alberto, y larga vida al Yakitoro. Repetiremos.
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Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexievich

Nuevo Premio Nobel de Literatura




  Frente a la actual retórica política de discursos informativamente previsibles en el que el sinsentido de los conceptos es cada vez más frecuente, existen publicaciones marginales que reflejan crudos testimonios de realidades objetivables no contempladas por los medios. La incomunicación del dolor, por ejemplo, se transcribe entonces en una fragmentación recurrente, más allá de la mitificación de convenciones lingüísticas tan repetidas en la dinámica de los discursos políticos, cada vez más homogéneos y más asépticos.

  Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich, publicado por Siglo XXI y traducido por Ricardo San Vicente, recopila muchos de los testimonios de las víctimas y sus familiares que quedaron en el olvido tras la crisis del escape nuclear de Chernóbil en 1986. La redacción de estos testimonios revela la impotencia del significado lingüístico para expresar la desolación psicoemocional de generaciones frustradas y sin esperanza, sin apenas apoyos políticos y económicos. La grandeza de Alexievich reside en esta prosa que denuncia, desde el desamparo y la sobriedad, la carencia de empatía y el olvido institucional de quienes no pueden articular un discurso coherente y racional tras la tragedia.

  Lejos del triunfalismo democrático que generan los discursos políticos de nuestras democracias, la voz de esta escritora nos adentra en el insondable mundo de los silencios, las interrupciones y las afasias para, dehaciéndose de todo lirismo, hacer visible el mal que reposa en los retornados, en los exiliados y en los enfermos todavía por los efectos de la radiación.

  Y, sin embargo, por mucho que intentemos negarlo, en ese desastre relatado, en la ocultación del tabú de la muerte y la radiación, hay una extraña belleza que conmueve, como si en la miseria, en la ausencia de los seres queridos, se respirase una paz necesaria para desaparecer entre estas páginas, y de la vida.

La zona … Es un mundo aparte. Otro mundo en medio del resto de la Tierra. (…) Hemos perdido este futuro. En esos cien años ha pasado el GULAG de Stalin, Auschwitz … Chernóbil… El 11 de septiembre de Nueva York … Es inconcebible cómo se ha dispuesto esta sucesión de hechos, cómo ha cabido en la vida de una generación, en sus proporciones. (…) En Chernóbil se recuerda ante todo la vida “después de todo”: los objetos sin el hombre, los paisajes sin el hombre. Un camino hacia la nada, unos cables hacia ninguna parte.” (pág. 49)

Creíamos en nuestra suerte; en el fondo de nuestra alma todos somos fatalistas, y no boticarios. No racionalistas. La mentalidad eslava. ¡Yo confiaba en mi buena estrella! ¡Ja, ja, ja! Y hoy soy un inválido de segundo grado. Enfermé enseguida. Los malditos “rayos”. Ya se sabe. Hasta entonces no tenía ni siquiera una ficha en la clínica. ¡Que los parta un rayo! Y no era yo solo. La mentalidad. Yo, un soldado, he cerrado una casa ajena, he allanado una casa ajena. Es un sentimiento que … Es como si espiaras a alguien. O la tierra en la que no se puede sembrar. Una vaca que da con el morro en la verja, pero la valla está cerrada; la casa, bajo candado. La leche gotea el suelo. ¡Es un sentimiento que …!” ( p. 212)

Los primeros días, la cuestión principal era: “ ¿Quién tiene la culpa?” Necesitábamos un culpable. (…) Luego, cuando ya nos enteramos de más cosas, empezamos a pensar: “¿Qué hacer?”, “¿Cómo salvarnos?”. Y ahora, cuando ya nos hemos resignado a la idea de que la situación se prolongará no un año, ni dos, sino durante muchas generaciones, hemos emprendido mentalmente un regreso al pasado, retrocediendo una hoja tras otra. (…) No era un incendio como los demás, sino como una luz fulgurante. Era hermoso. Si olvidamos el resto, era muy hermoso. No había visto nada parecido en el cine, ni comparable.” (p. 173).

  Para un conocimiento de la función de la elipsis y los silencios, dejo el enlace del artículo de 2009 que publiqué en la Revista de Lingüística, Tonos, de la Universidad de Murcia, sobre la prosa de Alexievich y la función del silencio a la hora de vertebrar sus relatos.

http://luzdelosescombros.blogspot.com.es/2013/11/voces-de-chernobil.html
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Serendipity, de John Martyn

Eclecticismo y vanguardia en un disco único




  No podemos afirmar que, en Serendipity, la música de John Martyn sea circular o reiterativa, aunque algunas de sus melodías persistan en cierta nostalgia del pop más primitivo. Serendipity es un viaje por diferentes maneras rupturistas de crear música, sin renunciar nunca a lo emocional, a esas visibles connotaciones que encogen el corazón cuando la atmósfera no asfixia la letra y cuando el riesgo es un talante preciosista, pero con la suficiente verosimilitud para que el escapismo al escucharlo sea un hecho consumado.

  Sus canciones parecen esenciales, simples, sin demasiados ornamentos, pero es la calidez de esos matices del jazz y del country lo que lo hacen tan genuino; interpretaciones libres, buscando la trascendencia de los espacios que el sonido crea realmente, como si las resonancias generasen un volumen tangible que supera a la voz. Lo instrumental no es prioritario, sino que es la elegante forma de conciliar nuestra experiencia del mundo con esa ingravidez, con la ausencia de nerviosismo, de presión, de estrés, de racionalidad que nos infligen otros géneros. Serendipity: An Introduction To John Martyn, editado en 1998, sigue siendo un disco moderno por su eclecticismo, por el ansia rupturista, sin ser despiadado con la tradición del folk y el clasicismo de algunas melodías embriagadoras. No hay nada de Dylan, pero lo parece. Un aroma a Seeger se mezcla con ese fondo de Pink Floyd que generan algunas canciones. Y eso lo hace inolvidable y evolutivo.

  Nada más que decir a un disco que llena algunas tardes de soledad y escritura.
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De Nobel a Novel

Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández




  Nadie puede dudar de la labor de orfebrería que el filólogo Jesucristo Riquelme ha realizado en sus múltiples artículos, reseñas y ensayos de la obra del poeta Miguel Hernández; sin embargo, esta edición del epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernádez y Josefina Manresa, a cargo de Espasa y la Diputación Provincial de Jaén, demuestra que los críticos también maduran y que la labor divulgativa de sus análisis no está reñida con una sensibilidad literaria extrema, como es el caso de este trabajo elaborado por Riquelme.

  Muchas de las reseñas que se han publicado sobre esta serie de cartas redundan en la relación afectiva que existió entre un Aleixandre paternalista y un Miguel Hernández que apenas disfrutó del éxito de El Rayo que no cesa porque repentinamente su vida se convirtió en una lenta derrota al acabar sus días en un periplo de cárceles.

  Lo que destacaría de este trabajo no es sólo el valor crítico que tienen estos pensamientos íntimos, retazos costumbristas y profundamente humanos que la presencia y ausencia de Miguel Hernández infligen en la vida de Aleixandre y Josefina, sino también esos matices literarios que Jesucristo Riquelme introduce en una prosa asequible, sigilosa, pues parece no desvelar nada, pero desvela todo, descubriendo al Aleixandre poeta, poeta transcendente, y al hombre empático y comprometido con el creador oriolano, incluso después de la desaparición de éste.

  La contextualización, la plenitud de detalles generacionales, el análisis del esteta Aleixandre como poeta de la consumación de un grupo y una época no se habían visto en mucho tiempo en otros estudios sobre el 27. El aparato crítico y los pormenores que Riquelme describe para comprender la razón y la escritura de estas cartas son el síntoma de esa madurez del crítico, la plenitud de una evolución en los estudios hernandianos, sin duda. No me sorprende tanto el valor del epistolario en sí, sino cómo ha sido editado y analizado este trabajo para que unos textos sencillos, llenos de afección y ampulosos en ocasiones por el sentimentalismo, se conserven dentro de un marco teórico que los convierte en un testimonio único, por no decir, inaudito.

  Enhorabuena, Jesucristo.
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¿Una vicepresidenta como Soraya puede ir a un programa como El Hormiguero?



  La derecha tiene su lógica y la derecha debe ser gris, insustancial y pragmática. A veces los países necesitan a la derecha cuando las izquierdas se fragmentan y se vuelven opacas o corruptas. Me preocupa que la derecha del PP imite al PSOE de ZP, que pensaba más en la imagen que en el condumio, y considere que salir en El Hormiguero sea una manera de ganar votos.

  Lo de Soraya y Pablo Motos anoche es la consagración de un fracaso en la política comunicativa del Gobierno y de otros Gobiernos que salen en Telecinco y en Antena 3 para promocionarse, mientras la Televisión Pública, que pagamos todos, se muere del asco.

  Que Soraya bailara, que Soraya tuviera el mismo gesto que cuando me hace efecto el Bífidus y decidiera ir a un programa que es un calco infantil y monótono de los espléndidos magacines americanos me encabrona. Significa que la derecha anda perdida y que la política es postureo; una falsificación de lo que ha de ser una gestión seria, dispuesta a batirse en la crítica, dando la cara a los periodistas y no detrás de un plasma.

  Pero esta derecha es una derecha socialista, porque ha mantenido la industria de sus enchufados en todas las Autonomías, prescindiendo de médicos y profesores, porque no ha querido desprenderse de sus estirpes corruptas en sus diversos feudos, porque no termina de condenar a Rato ni a Bárcenas. Si la derecha va a la televisión, ya no es derecha, ni centro, sino esa izquierda flow, la de Pedro Sánchez, que telefonea a Sálvame y baila en los mítines. Lo que me preocupa de verdad no es que el PP pierda las elecciones después de lo acontecido en El Hormiguero. Lo que me entristece es que no hay alternativa. No hay nada ni antes ni después.
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Ardillas de plástico, aspiradoras suicidas y Lisa Ann bajo la sombra del tilo



  Las ardillas cundieron en el trabajo y regresaron, después de la cena, a sus blisters para hibernar. Lisa Ann limpiaba la cerámica de óvalos y miraba al exterior donde el último árbol se perpetuaba sobre el asfalto. Las camisetas lucían con sus siliconadas formaciones tras los autobuses universitarios y algún muchacho retraído quiso dormir en el césped del parque donde se suicidan cada sábado los masturbadores.

  Lisa Ann mantuvo firme a los alumnos de quinto que se colaron por el balcón para sacar fotos de los trajes de cuero que ella colgaba junto a los pulpos rocosos. Un señor llamado Wolkswagen atendía en el entresuelo a las ancianas ciegas mientras oía el crujir de nudillos en el segundo piso donde Lisa sacó el latigo para domesticar a aquellos coleccionistas de Pokemon.

  Pero el amanecer llegaba tan rápido como las aspiradoras. Y las aspiradoras no perdonan que sus pensamientos funestos sobre mujeres enlutadas en látex las atosiguen, así que deciden que el suicidio es una salida hacia la luz, tan húmeda y provechosa como la boca de Lisa. Alguna vez las he visto arrojarse desde el vacío,con sus vientres llenos de polvo, y también los he visto a ellos, a los rubios masturbadores, colgados de la soga, colocando previamente pequeñas filas de escarabajos en las aceras.

  El látigo de Lisa Ann pervierte y los chavales que deciden abandonar el hogar al fin son otra clase de individuos, más parecidos a sus padres, sedientos y ochenteros.
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La fragmentación del Estado supone la pérdida de todo poder geopolítico



  Que el nacionalismo independentista considere como un objetivo prioritario la necesidad de escindirse de España es un hecho; por esa razón, son independentistas. Lo que parece claro es que esa sintomatología festiva y popular con la que se ha concebido el fenómeno de la separación de España no tiene en cuenta las consecuencias económicas que representa. O si las tiene, poco importan.

  Sin embargo, eso no preocupa al menos a aquellos que tienen la nómina asegurada desde la élite política. Lo que no se ha explicado todavía es el mar de fondo que se aloja en una posible balcanización de nuestro Estado. Ese mar de fondo pasa por la nueva situación geopolítica que se plantearía en lo que quedara de España y en el resto de Europa, y para esas comunidades que resolvieran al fin su pretendendida independencia dentro de la península.

  No está de más considerar que una comuna de pequeñas naciones pondría en evidencia una debilidad territorial y geopolítica. No debemos menospreciar que una coyuntura con una serie de microestados en unos límites tan complejos como en los que vivimos desde el punto de vista étnico y cultural revelaría una situación de fragilidad que podría ser fácilmente aprovechada, no sólo por una mayor dependencia económica de otros países, sino por posibles pruebas de fuego como fue el caso de la isla de Perejil.

  Seguramente, alguien juzgará este pensamiento como desquiciante y paranoico, nada que ver con la cordura del separatismo y con el clan Pujol, pero no está de más esta advertencia que, aunque parezca una quijotada, algunos antropólogos hemos visto repetida y ejecutada en tantos lugares del mundo.
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Live songs, de Leonard Cohen

Un disco eterno por su sobriedad y por su lirismo




  Su música es tan esencial en este trabajo que la emoción reside en esa elipsis continua que representan canciones como Bird on the wire. No hay un trabajo orquestal que configure una retórica de excesos como en posteriores discos, sino que Leonard Cohen se deja llevar por los derroteros de un lirismo sediento de aspereza y de silencio; sus evocaciones surgen a partir de la ausencia barroca de las manidas intenciones del rock o del pop.

  En Live songs todo parece sencillo e inmortal a la vez y es ese binomio donde se descubre al genio, a la personalidad, aunque su voz no tenga aún ese tono grave que ahora exhibe como marca. Lanzado en 1973, cada canción es una breve historia de sí mismo, una experiencia compartida de lo desgraciada y hermosa que puede ser nuestra existencia. Visiones, himnos, versos y sentencias lapidarias construyen una semántica que se caracteriza por un regusto country, por algunas connotaciones a canciones francesas y por una exigencia de la austeridad que solamente se rompe una vez en ese canto coral que es Please don´t pass me by.

  Es necesario retomar algunos de estos primeros trabajos de Leonard Cohen para descubrir esa interminable elegía que significa su obra en estos tiempos donde la música anda tan corrompida como la literatura. Live songs es un acto irreverente, de protesta, frente a tanto producto musical manufacturado, un homenaje al saber trovadoresco que jamás se perdió en algunas voces de los setenta.

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El director de orquesta Bruno Walter y la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler



  Hace ya varios años que un amigo me dejó una grabación de la Segunda Sinfonía de Mahler, dirigida por uno de sus discípulos en 1948, Bruno Walter, y presentí que aquella versión distaba de algunas grabaciones sublimes como las de Kubelik o Inbal. Quizá, junto a Klemperer, quien conocía la personalidad obsesiva de Mahler, las obras dirigidas por Walter reproducen esencialmente la gravedad y ese tono elegiaco, en ocasiones redundante e impetuoso, del compositor de La canción de la Tierra.

  Los Lieders y esa interpretación de la Segunda sugieren que los matices son demasiado importantes en la trascendencia de una creación. Quizá lo que le falló a la versión de Bernstein fue precisamente, en el caso de la Segunda Sinfonía, ese conocimiento del poso religioso y de la austeridad que el primer movimiento necesitaban para convertirse en una clase de réquiem que Walter supo interpretar eficazmente.

  Walter asimiló perfectamente el sustrato religioso, la razón judía que se alojaba tras la versatilidad de las composiciones de Mahler que, pese a no ser un hombre de creencias, no pudo ni quiso escapar a las raíces teocéntricas que alimentan a Europa todavía, a esa sensible manera de reconocer que muerte y vida son procesos tan antagónicos como inseparables. Además, la tragedia personal que asoló su biografía no estaba exenta de ese aura de misticismo y espiritualidad que su música con tanta fuerza reclamaba.

  La manera de interpretar de Bruno Walter es una perfecta analogía de lo que Mahler vivió y sufrió, la meditada reflexión que las partituras de su maestro exigían para convertir su Segunda Sinfonía en ese himno sublime que, al margen de algunos momentos de excesos retóricos y grandilocuencia, va más allá de un cántico espiritual, porque la música de Mahler es una manera profética de manifestar los tiempos oscuros que en breve acecharían en Europa.
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The other dead

Un cómic diferente sobre el fenómeno mediático de los zombis




  Frente a la masiva producción de series televisivas, películas y novelas gráficas con temática zombi, The other dead, editado por Medusa cómics, reinventa el fenómeno con una idea novedosa: los animales son los que se convierten en zombis y se enfrentan a los hombres.

  El trabajo de Joshua Ortega y su equipo no se priva de una violencia explícita y de ese mar de vísceras que tanto apreciamos aquellos que devoramos cómics a todas horas. Un argumento lineal, un narrador testigo que hilvana las secuencias y unos personajes con suficiente hondura psicológica, entre ellos, el presidente Obama, crean esa atmósfera depresiva y marginal que necesita una historia como The other dead.

  Color austero, detalles minuciosos y trazos sombríos, que describen con exactitud las arrugas y la gestualidad, contribuyen a que la sucesión de catástrofes no pierda la esencia de otras obras como Crossed o The Walking Dead y que, además, fluya a través de sus páginas un tributo significativo al cine americano de terror de los ochenta.

  Lo que destaca en The other dead es esa visión irónica y apocalíptica de la existencia, una adicción al asesinato y a la carroña, completamente predecibles, pero que todavía perpetúan este género dentro de los arquetipos que residen en nuestra memoria a propósito del final de los tiempos y del caos social que genera la violencia extrema dentro de una comunidad.
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Un ministro de Economía llamado Rodrigo Rato y los jóvenes de Gandía Shore



  Aunque todo sea presunto, está claro que hubo una generación de políticos que, llevados de la mano de Aznar, fueron la élite de este país. Era una generación de hombres entrenados en la mili, educados en colegios de paga, de mucha paga. Eran los pijos de la Transición, cuyos vástagos bailaron con las canciones de Hombres G.

  Eran hombres que nunca fueron rebeldes, porque la rebeldía huele a sudor y te despeina. Aquellos hombres de Aznar eran velludos y con buen color de cara, a punto de enfermar de gota. Eran los hijos del rigor, del orden, de las reválidas en la que se preguntaban los tiempos verbales y los límites de España (cosa que me parece muy bien).

  Pero, en aquella perfección moral, de traje oscuro y solapa recta, de catecismo con lomo dorado y rosario en la mano para la foto de la primera comunión, había demasiada sobriedad, un ansia contenida a punto de desbaratar tanta rectitud, esa manera de mirar la vida, gris, insustancial, machista, que se convirtió miserablemente en la concha de la Bernarda. Sucedió que los curas fracasaron y también las reválidas, y tanta misa, porque aquellos hijos de papá vieron que el dinero puede más que el amor, aunque estuviera puesto en boca de San Pablo.

  Por esa razón, yo me quedo con la generación que trajo la ruta del bakalao y Gandía Shore. Ylenia es ahora su máxima exponente, porque, detrás de las chonis y los papichulos, no hay otra cosa que ariete en lengua, celo en vena y el lenguaje de la niña del exorcista. Mucho exceso en aseos y aparcamientos de after para olvidar que morirán solos y envejecerán como sus padres, sonámbulos y tristes porque las letras de Camela eran mentira.

  Gandía Shore nos descubrió que existe una juventud que tiene por lema ser mamífero antes que ciudadano y eso a mí me vale más que la Generación de Rato, porque el perreo siempre es puro, va de cara y no piensa en los límites de España ni en los tiempos verbales. Tengo claro que el fornicio en televisión y ser portada de Interviú son aspiraciones legítimas, las más decentes, ahora que veo como Bárcenas, pese a lo que tiene encima, conserva el pelo, y Rajoy, y Aznar, qué envidia. Bueno, Rato, no. Qué fallo.
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Ylenia: construyendo y deconstruyendo a la diva del programa Gandía Shore



   Me puse malo cuando Ylenia dijo, hace unas semanas, que abandonaba la tele y los cameos, que el perreo dejaba de ser un himno celestial en pubes de Malasaña y en las despedidas de soltera, donde el tanga del poli se trufa con billetes de diez euros que un pintalabios adorna con números de móvil. Me puse malo cuando Ylenia desapareció de mi vida y la de muchos que vimos a la rubia en Gandía Shore descomponiendo toda aquella generación pija de Melrose Place y Sensación de vivir.

  Ylenia hizo de la mala educación una clase de metamorfosis con la que convertirse al poco tiempo en una diva, cuya personalidad se mueve entre la ficción de la tele y los restos de una juventud que la ESO, gracias al PPSOE, se encargó de convertir en cajeras del Primark. Me gustaba la Ylenia de Gandía Shore, porque rompió con el tabú del buenismo, revelando que los adolescentes españoles vivían entre la desesperación y una inusitada alegría por amar todo y destruir todo. Una esencia baconiana existía en el corazón de aquella deconstrucción de Barbie que a mí me ponía.

   Quiero a Ylenia porque es una versión excelente de las chonis a las que siempre devoré con mis ojos de adolescente, cuando mis amigos y yo nos comíamos los mocos en la cola de la discoteca, apoyados en el coche del Paqui, bebiendo ron con cola, mientras ellas desfilaban elevándose con aquellos tacones que parecían navajas, con sus vestidos de tubo que marcaban el tanga y la etiqueta del tanga.

   Esos tiempos felices me los recuerda Ylenia y su alma de látex y arrebato, su aura de hembra maldita a punto de convertirse en mito, porque los mitos como Afrodita o Atenea también surgen de la anécdota, de una erótica visión del mundo en la que los contaminados por el acné necesitan alabar a las Kardashian, por ejemplo, o a mi Ylenia para saber que la vida aún merece la pena vivirla, aunque sea apoyado en el coche del Paqui.
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Una carta a mi madre María Luisa

Una mujer que resurge siempre de sus cenizas




  Mi padre la esperaba en la Vespa delante de la fábrica de telas. Mi padre trabajaba en una humilde pescadería y, además de oler a tabaco, sus manos desprendían ese tufo rancio y severo que el pescado barato fija en la piel para siempre. La piel de mi madre huele a salobre y a humo. Abandonó la escuela por necesidad, porque mi abuela no podía mantener a todos sus hijos. Mi madre fue de esas mujeres que machacó el franquismo lo suficiente para que ahora no quiera recordar nada de aquellas desdichas, salvo alguna imagen fugaz de mi padre con su bigote de Pancho Villa.

  A propósito de mi padre, murió de cáncer cuando aún no había cumplido los sesenta y nuestra casa se quedó un poco sola, pero más sola se quedó cuando mi abuela, quien me educó bajo la disciplina de la honradez y el silencio, murió años después. Ahora mi madre cuida a una señora que sufre mal de Alzheimer y por las tardes acude a clases de francés y a natación. Porque mi madre es una mujer que tiene que resurgir constantemente de sus cenizas.

  Hemos sido felices, es cierto, pero las tragedias se fueron sucediendo y es este momento pacífico de la escritura lo que me permite curar los recelos sobre cuán injusta y cuán verdadera ha sido la vida a nuestro alrededor. La casa de la corredera, el matadero donde mi abuela y mi madre desplumaban pollos y patos, el huerto del Quitoli donde yo apoyaba la espalda en las matas de las habas hasta quebrarlas y las acequias son imágenes que bullen en mí como si urgentemente necesitaran ser interpretadas. Pero es inútil.

  Con mi madre puedo hablar de literatura, porque ella tiene los prejuicios necesarios para entender cuánto significa para mí el hecho de leer y escribir. Cuando comemos juntos en la casa vacía, sin los nietos, tengo la sensación de que, si ella me falta alguna vez, yo estaré más cerca de las piedras y que será un acto egoísta compadecerme, pero hay tanta maldad y tanta belleza en las ausencias que se recuerdan con dolor.
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Años de crítica y debate, formando equipo en torno a Mundiario



   Hace poco recibí la noticia. Me nombraban coordinador de la Sección de Sociedad y Cultura de Mundiario. Mi trabajo en periódicos y revistas locales comenzó a los quince años, pero ha sido esta plataforma y su grupo de colaboradores los que me han permitido escribir, analizar y debatir libremente sobre aspectos políticos y literarios. Soy un profesor marcado por la rutina y por modestas publicaciones de libros juveniles y algún poemario que van nutriendo mi vida de breves experiencias estéticas que me apasionan sinceramente.


   Vivo en Orihuela, en Alicante, una ciudad sin apenas proyección, pues políticos y administraciones se han encargado de que así fuera y ha sido Mundiario mi forma de evadirme y de encontrar una comunión constante con lectores de todos los países. Espero que esta aventura que comenzó hace unos cuatro años, de la mano de maestros del periodismo como José Luis Gómez, nos permita seguir trabajando por una prensa crítica, sin censura y sin un único pedigrí ideológico. Gracias a todos los lectores y a quienes, desde las redes, siguen confiando en mis virtudes y en mis errores. Y gracias a Mundiario por hacer que mi vida siga nutriéndose de breves experiencias estéticas al dejarme publicar en un periódico que sigue apostando por la innovación.
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Transilium, Trankimazin, Orfidal, Brazzers, Stradivarius y cirugía estética



  Las mujeres solas necesitan el consuelo de toda una fauna de sexo online que alivie su ímpetu menopáusico. Los hombres que no aceptan sus cincuenta, desquiciados y con la boca trufada de chistes obscenos, viven para el porno de páginas gratuitas. La soledad es un mal necesario, tan profundo que suele concluir en alguna adicción irreparable.

  Es generalizado el consumo de ansiolíticos, porque hay una necesidad de olvidar, inherente a nuestro desgaste con los hijos y con el trabajo. Pendientes de las ofertas del LIDL y del MediaMarkt, asumimos que rondar como zombis por los centros comerciales cada fin de semana es lo correcto y, en ese éxodo masivo, la prisa también nos corroe así como la preocupación constante por mantener un estatus que jamás nos hará felices del todo.

  Algunas muchachas se operan los senos cuando cumplen los dieciocho y se observa en sus rostros de Lolita esa fiebre por el consumo, una insatisfacción por sobrevivir en un mundo que las prefiere como azafatas y presentadoras antes que como traductoras. Los ansiolíticos llenan algunos bolsos junto a los preservativos y los nuevos pintalabios de KIKO.

  Todo tiene la apariencia de estresante. Todo lo que me rodea tiene vestigios de muerte sobrevenida, todo lo que como y bebo parece siliconado. Pero mejor vivir en esta ficción autodestructiva del porno, del bótox y de los antidepresivos. Mejor vivir aquí, aparcados en este paraíso artificial donde la poesía que leemos es la que nos brindan los anuncios de Opel y Coca-Cola. Mejor así que ver el envés de la calamidad y del sufrimiento. Mejor. Porque somos efímeros y uno ya no está para retos personales. Bastante tenemos con ir tirando.
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