domingo, 31 de enero de 2016

Los españoles estamos hartos de las mismas caras en la política nacional

   

  Estoy harto de los mismos peinados en política, de las mismas canas, de sus implantes de cuero cabelludo, de sus camisas bien planchadas y de sus solapas tiesas. Estoy harto de las coletas, de las camisas blancas, de las barbas recortadas, de los jugadores de baloncesto que impostan la voz e imitan a Clooney anunciando el Nespresso. Estoy harto de vicepresidentas que parecen no haber roto un plato y bailan en platós para olvidar que hay demasiados cadáveres tras las cajoneras de muchas sedes. Estoy harto del Presidente, de los presidentes autonómicos, de los consejeros de los presidentes y de los vicepresidentes, y de todo su proselitismo de asesores que se reparten el tajo y obligan a que cada vez seamos menos los médicos y los profesores. Sabemos que la cosa está jodida para mucho tiempo y estamos resignados como así ha querido el PPSOE. Pero lo que remueve las tripas es ver las mismas caras en política durante tantos años, y ver la mía delante del espejo y la de un tal Iglesias, el Eminem de los antisistemas, que vende chapas y libros como churros. Estoy harto de ver a los políticos en el Hormiguero haciendo el filfa, que diría Valle-Inclán, por no decir secamente "el gilipollas". Estoy harto de toda estética del mal que desfila por las teles y que va a decidir el destino de mis vástagos. Estoy harto de un tal Rivera y de su pose de Adolfo Suárez, de su postín de novio predilecto para la hija del boticario. Estoy harto de mí, de mi yo, y de un tal Mas que quiere ser el Kennedy de los països. Filfa de mundo y pena de cráneos privilegiados.

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