
No hay ciudad física, pese al título. Es la ciudad imaginaria. Una arboladura de recuerdos rurales que se entremezclan con difusas estampas de calles y habitaciones donde el desamparo, la soledad y la necesidad de reconocerse en esa grisura parecen confinar al autor al verdadero enmascaramiento de la poesía.
Su estilo es de una sobriedad inquietante. Luces y sombras que...