domingo, 31 de enero de 2016

Don de la luz, fronteras del lenguaje

Cuanto se desvanece y lo que habitamos




A José Antonio , a Álvaro, del IES. Santiago Grisolía.

  La luz es irremediable; como el haz y la palabra al fin. Sustancia que proviene de sí misma para morir en el espejismo de lo que se percibe. Nos hemos rendido juntos en la noche en la que el chacal miraba exhausto a los faros del Crysler. Las mujeres bebían en las aceras y olvidaban que alguna vez fueron la reina del baile. Botas de cuero que coleccionaba el sombrerero loco dentro de su ataúd.

  Despertamos para morir nuevamente en la luz que olvidamos cada instante. Nada nos pertenece, salvo la seguridad de que hay un límite en cada decisión y que a cada segundo le sigue otro más próximo al desenlace de los incendios.

  No he querido que las palabras acierten con la verdadera identidad de aquello que los árboles ocultan en el interior del bosque. Desciende hasta mí y calla lo que las brasas te han transmitido a lo largo de tantos siglos.

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