
" No hables. No puedes. Eres un cuerpo lento. El espliego, su olor, me recuerda a ti. La oscuridad es un animal, como tu cuerpo, lento, entumecido, venenoso.
La luz blanca nos obliga a protegernos, a besarnos, a ese roce cómplice con el que yo me sumía en ti, esperando temerte. Sí. Era el temor, el temor a que pasar lo que ha pasado, a no tenerte jamás, a que te elevaras sobre mí, y ya nada condujera...