
No reces con esa voz de insípida lechuza. Caes desde lo alto y tu sombra es una figuración arcaica, centrada en la aritmética. No escuches el ángelus ni ese poema de Molly que atrae a las moscas cuando abres el libro. No creas que tu nombre es posesivo, lo es ese sabor de tu saliva, ese flujo de luz hipnótica y rojiza que tu boca exhala.
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