domingo, 31 de agosto de 2014

Kevin y mi prima

A Inmaculada Perán y Toñi Ponce.

  Tenemos que hablar de Kevin, prima. Necesito que me expliques la causa de ese parche que llevas en tu ojo izquierdo. La pelota va y viene del comedor hasta la cocina. Hay flechas sobre la encimera y un machete sobre las tablas. No dejes que la poesía de su verbo te envilezca. La seducción siempre es violenta y los perros que se arriman a mí. Mi tatuaje es una horca y ese niño que se esconde tras la puerta es bicéfalo como estos senderos que se bifurcan ante ti.

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Dame tu mano

  Dame tu mano y deja que mis perros jueguen con ella. Alguien cuelga de esa higuera. La quijada ha sido enterrada por los niños. La cuerda se estira y somos más libres. No temas el ritmo de nuestra canción favorita. Estamos perdidos y somos más libres. Bebe de mi sangre y espera a que ese cuchillo te elija.

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Recuérdame que te levante

  Recuérdame que te levante la cabeza cuando la hundas en el charco. Las carpas venerarán tu rostro. Te nombrarán Isis. Cae la tarde sobre las terrazas y los dedos de ceniza se disuelven en el aire. No temo que me mires y que interpretes como violenta esta actitud. Los consejos de Mr. Smith me han venido bien para enfrentarme a ti y para limpiar las cucharas de plata.

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jueves, 28 de agosto de 2014

Mi amiga, Amy Anderssen

   Búscame entre los escombros, Amy. No te arrodilles ante el tótem. Lucha contra la tormenta y suelta lastre. Las nubes avanzan y los edificios demolidos son barridos por un amanecer increíble. Respiras con dificultad entre tanto polvo. Hoy he pensado regalarte un vestido blanco. Perdóname por besarte tanto. Plumas salen de mi boca. Deja que el agua nos arrastre hasta los nidos de dinosaurios, querida, Anderssen.

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miércoles, 27 de agosto de 2014

Por ti, Nikki Benz

  Quiero ser los tacones de aguja de Nikki Benz. Me encantaría leerle poemas de Rimbaud al amanecer cuando el crepúsculo se enciende y su cuerpo deslumbra a los pájaros que pululan entre los lodos y la brasa. Me tiraré al Thámesis si no me besa. Pero todo es esquivo y debo aceptar que la realidad es tan miserable como esos chicos de Beverly Hills con los que sales. Pero cada vez que leo a Homero y aparece el nombre de Helena, te imagino a ti, Nikki, Nikki Benz, enrollándome como una serpiente que huye del fuego.

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Soy el ciervo

  No soy el muerto viviente que guardas en el armario de la cocina ni esa caja con cucarachas anestesiadas. No. Soy el ciervo que busca las corrientes de agua. La aniquilación en persona y en árbol. No dejes que los nudos te presionen, ni que, sobre tus hombros, vuelen esos albatros que se lanzan luego contra los coches. Es invierno y eres tan hermosa.

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Me has vendido

  Me has vendido por una lámina de acero. Mi boca se muere por la tuya y nuestros pasos avanzan hacia el precipicio. Los árboles han sido pasto de las llamas y, en nuestro mutuo desquiciamiento, has probado la fuerza de la savia y todo ha sido más ligero. Hasta el vuelo del Fénix te ha parecido benévolo. No me desates y sigue mordiendo.

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martes, 26 de agosto de 2014

Vítreas venas

  Aspiras el humo del sándalo. Todo es terrible a tu alrededor. Aún no has llenado la bañera y la sangre se derrama por mi boca, sangre que sigue a la corriente de tu sangre. Piedra que has de morder mañana para que los pingüinos sigan rezando en el tempo. Vítreas venas ascienden por mi cuerpo. Soy la estalactita y tú eres el margen del desquiciamiento.

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Eczema parlante

  Eras tan romántica como aquel piano de cola. Eliane me besaba a escondidas y tus celos eran tan tremendos como el tiranosaurio de luz. Los pulpos sobre la encimera agonizaban y tus párpados eran las mariposas turbias del amanecer. No puedo escribir más metáforas absurdas y el crecepelo que dejaste en el desván ha despertado y ahora se dirige hacia nosotros, pero tú sigues tan tranquila, sedada por tu propio reflejo en el espejo. No dejes de pintarte. Luego no asesines a Eliane ni a su eczema parlante.

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Heridas en las pezuñas.

  Me gustabas con ese corte de pelo. Cuando me servías el café en Diary Lowry, yo ponía los intestinos sobre la mesa. El acero cruzaba el aire y las sogas colgaban de las lámparas. Era todo muy romántico y, cuando te apartabas, aparecían los rinocerontes blancos y yo, sorbiendo el mejunje, cerraba los ojos para recordar la fusta y las heridas en mis pezuñas.

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Marta y los árboles

   Te mueves como esa serpiente amarilla que dimos a luz no hace mucho tiempo. Descalzos pies cruzan la hierba húmeda para secuestrar nuestra mirada posesiva. No eres más que esa proyección invertebrada que las sombras envenenan. A ti, leyendo a Faulkner o descansando sobre mi pelvis. Aún me recuerdas a esos árboles grises que cayeron sobre el cuerpo de Marta.

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domingo, 24 de agosto de 2014

Guardas el humo

   Guardas el humo del cigarro que exhalaba mi boca en tu boca. Materia desprendida de la luz que alumbra cada cosa que tocas y persigues. Humo de la noche, símbolo de lo breve que es nuestra estancia y qué duro es que nuestras manos dejen de rozarse, de jugar con nuestra lengua.

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viernes, 22 de agosto de 2014

Palomas en suicidio

   Leíamos a Pessoa en el ático de Roland Dawn y las palomas caían en picado, en una alevosa forma de suicidio que nos cautivaba. Deteníamos nuestra lectura para verlas llover y Sara, que vestía de pantera, lloraba junto al bidon de alquitrán. Los versos de Pessoa no tenían ningún sentido cuando el diluvio de plumas blancas ensuciaba la ciudad y Sara, Sara pantera, nos escrutaba. Entonces yo le daba al botón y el televisor se apagaba.

Foto de David LaChapelle
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No me desates

   Me llenas la boca de aceite y las bicicletas se detienen en el sendero. No mires atrás mientras cae la última gota. Esos salvajes niños quieren comernos vivos. Cuando acabes, arroja la lata al pozo y verás que, con las ondas, esas imágenes se esfumarán y podremos seguir haciendo el amor. Por favor, no me desates.

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