sábado, 10 de mayo de 2014

Niebla y Unamuno

  Niebla y Unamuno. Ese contagio de literatura y de reflexión sobre literatura que desprenden sus páginas interviene en esa estigmatización de la escritura. Al mismo tiempo que escribimos, nos desposeemos porque la esencialidad de las palabras nos acerca a una realidad definida, única, pero, al mismo tiempo, la insuficiencia del signo, su agotamiento, su discreción, nos aleja y no puedo hacer otra cosa que recordar esa obsesión de Unamuno con Augusto:

    "Y le empujé a la puerta, por la que salió cabizbajo. Luego se tanteó como si dudase ya de su propia existencia. Yo me enjugué una lágrima furtiva" (pág. 243).

  "Cuando recibí el telegrama comunicándome la muerte del pobre Augusto, y supe luego las circunstancias todas de ella, me quedé pasmado en si hice o no bien en decirle lo que le dije la tarde aquella en que vino a visitarme y consultar conmigo su propósito de suicidarse. Y hasta me arrepentí de haberle matado" (pág. 252).

   Fragmentos extraídos de Niebla, de Miguel de Unamuno, en la edición de Espasa. Colección Austral.
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viernes, 9 de mayo de 2014

Lo uno, el otro

   Tengo miedo a observarte mientras comes. Te hallas en la encrucijada y mis nudillos sangran por aporrear tantas veces la pared del vestíbulo. No hay vecinos, no hay horizonte ditirámbico, ni pálida nube que aloja el verso libre. Me odias y te ensucias. Dame esa lengua que lame todo lo que ansía. Me gusta el ritmo de estas palabras que acabo ya mismo. Tu lengua o tu mano, a merced de mi deseo, de mi cuchilla. Estamos hechos el uno para el otro.

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jueves, 8 de mayo de 2014

Deseada, de H. Hex: literatura erótica para rebelarse contra el buenismo oficial

 

   No sé cómo empezar a escribir sobre el último trabajo que he leído. Siento que, en el fondo, lo necesitaba. Llevo meses enfrascado en la lectura de novelas que poco aportan a mi vida, algunas hipertrofiadas por una dosis de buenismo absurdo cuando los tiempos que corren se inspiran, sin embargo, en la corrupción y en la frivolización de todo discurso racional. 

   Así que, aconsejado por una amiga, cayó en mis manos “Deseada”, de H. Hex, en Tombooktu, de Ediciones Nowtilus. Sin grandes pretensiones literarias, el discurso erótico de esta autora granadina nos introduce en ese submundo de fantasías sexuales que es evidente en la cultura del porno audiovisual, por cierto, cada vez menos rentable. Una cultura visible del porno, cuya estética burda inunda la esencialidad de otros discursos convencionales como la publicidad o el vídeo-clip.

   Con precisión, rindiendo culto a la corporeidad antes que a la acción, la novela de “Deseada” no pretende una acción narrativa eficaz, con una trama compleja, sino que su prosa opera en la intencionada recreación de unos escenarios afines al lenguaje del vídeo porno. La sintaxis reproduce esa obsesiva descripción del objeto y de la fragmentación del cuerpo: “Y entonces el ama se centró otra vez en su pupila, la chica rebelde que se había jugado bien. Dejó que el látigo cayera de sus manos y alargó ambas a sus senos, acariciándolos, sintiendo la tersura de su piel y bordeando los pezones con los dedos, evitando tocarlos todavía, ni a ellos ni a las pesas” (pág. 172).

   Los perfiles psicológicos de “Deseada” se basan en una desmedida egolatría que conduce a los personajes a una autodestrucción progresiva, donde la exhibición y la teatralización que simulan los cortejos, los tríos, el látex y lo orgiástico no son otra cosa que una frustrada forma de vencer el hastío de esta posmodernidad. Maldito eufemismo de una decadencia que ha corrompido especialmente a las clases medias, muertas de éxito y que solamente en el desenfreno encuentran una forma de sentir: “El puñetero malnacido estaba vestido con unos pantalones de tela negros y una camisa del mismo color que le quedaba demasiado bien. (...) Llegaron más amos. La mayoría vestidos de traje, algunos con cuero, un par con vaqueros” (pág. 141).

   El personaje de Abbie, como una estimulante Catwoman, se ve abocada a que su cuerpo sea agente y objeto de la desidia, de un rito sexual que muestra la necesidad de vigorizar su autoestima mediante la escenificación del placer. Presa de sus propias víctimas, la sumisión y el dominio de su cuerpo comienzan desde la primera página de la novela. En este punto, considero que H. Hex consigue que el lector se involucre en esa pornografía refinada que, ahora más que nunca, se convierte en una forma de evasión ante discursos narrativos, seguramente más complejos técnicamente, pero que no se deshacen de ese estigma de lo políticamente correcto. 

   Por eso, H. Hex es un descubrimiento, con deficiencias técnicas, sin un argumento principal, pero con esa osadía de hacer visible lo que todos ansiamos, imaginamos y consumimos dentro de un espacio privado, con torpeza, ansiosos. Me alegro de que Ediciones Notwilus apueste por estas terapias; auténticos manuales de autoayuda que todos necesitamos en algún momento de nuestra desamparada existencia.
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miércoles, 7 de mayo de 2014

Sucias cortinas

   Los lobos miran a los fondos. Es oscuro el manto. Las hojas que hemos mordido nos alucinan. El chico bajo las piedras se retira. El desastre de los fuselajes. La horca. Los pájaros asesinos. Las cortinas ensuciadas de sangre. Ruedas de un camión que giran sobre el vacío. Las marismas hediondas. Los problemas de Matemáticas. Rescátame y no me pidas que guarde las fotos.
 
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lunes, 5 de mayo de 2014

Espejismo y serpiente

  Tengo motivos para resistir a diferencia de este ciervo que hunde su cabeza en cenagosas aguas. No he amado a las serpientes ni he visto el crepúsculo sobre las escamas. Quiero que vengas a mí, que me recorras con la lengua y todo lo que alrededor existe deje de avanzar. La superficie es quebradiza y la rompiente de luz nos arrebata otra claridad, el espejismo del alcohol.
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Escuchando a John Adams

   Escuchando a John Adams he desaparecido. A tu lado, ha quedado el resto de un reposo, la horma de luz. La música fluye, somos la música y ese viento predecible. Has mentido con la mirada; la realidad es demasido irritante y quieres que John Adams no te abandone, pero lo hará al igual que yo. El café será siempre frío y el desnudo hielo será una nueva visión entre los objetos.
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Quieres vivir

   Quieres vivir para siempre. Huyes de la ceniza, de todo lo que te recuerda podredumbre. No asumes los límites a los que estás obligado. Las aguas ascienden. Buscas esa luz que te deja a solas con la escritura mientras tus hijos alborotan a tu alrededor. Las acacias son el eco de una palabra que acabas de escribir.

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domingo, 4 de mayo de 2014

K.

  Porque no mereces estar junto a mi puerta. No eres digno de entrar a mi casa. Los discípulos devoran las migajas y tú, sin embargo, piensas en colonizar el valle de aguas rojas. Tus caballos no volverán a comer la hierba y crecerás entre la servidumbre. Debes pagar lo que tu padre no cumplió. No te arrepientes porque desconoces aún la condena.

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Eres la mujer leopardo

  Eres la mujer leopardo, la que se excita viendo películas de Paul Newman, la que muerde las sábanas, la que merienda altas dosis de teína con bizcochos de Solst Cafe´s, la que consume novelas de Edgar Wallace y camina sobre los vidrios para acercarse a mi mundo, la que detesta la poesía, pero ama a los poetas, la que no lleva sujetador cuando llueve y no preguntes por qué, la que consume porno para sacar ideas a una novela, porque detestas la poesía, pero te encandilan las novelas de Edgar Wallace y esas chicas de tacones altos que buscan sexo cerca de las piscinas.
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Sobre la corteza del fresno

   Qué noche, la más larga, sobre la corteza del fresno, sobre la cornamenta del corzo; los objetos son más apreciables que a la luz. El crepúsculo se ha hundido en las pozas. detrás de los aljibes, donde arden las cañas, los niños comen con las manos, ensucian sus bocas y quedan ciegos cuando la oscuridad los arrasa.

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El horror de algunas imágenes

  Estoy trabajando en una novela sobre la Segunda Guerra Mundial. El horror de algunas imágenes, el testimonio de algunos supervivientes, la soledad y la violencia ante nada que perder me hacen reflexionar sobre la inutilidad de la moral, de algunos discursos filosóficos. Perder nada, perder todo y después morir. La existencia queda reducida a intensas vivencias donde el dolor es el don de la supervivencia, y no hay más que escribir.

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La lectura y la agonía

  La lectura es la agonía de la soledad. "Agón" en griego clásico significaba "lucha" y así entiendo que la escritura también expresa esos rigores. La belleza surge del estrago, de la incansable lucha contra las limitaciones de uno mismo. Nunca estás a salvo de la pérdida de reflejos, del vacío que deja en tu vida una vez que lo escrito parece inútil, tan limitado como nuestra existencia y, sin embargo, el resto de las existencias avanza como si nada las molestase.

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miércoles, 30 de abril de 2014

Lo que queda

   Lo que queda en las páginas no es otra cosa que el incendio invisible, unas manos, el resto de las aguas de los pozos. El lobo entiende la soledad; no amaina. Somos imperfectos y las dunas son erosionadas por la briza. Lo que queda en las páginas aspira a ser escrito otra vez, en otra vida, con otros nombres.

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viernes, 25 de abril de 2014

Tu rostro

   Te retuerces en el barro. La niebla te ha cegado para siempre y las aves se funden en el hielo que queda en los promontorios. Tu rostro es perturbador, tu rostro es ajeno a tu rostro. Los escarabajos devoran tus manos. Besa la piedra azul que cuelga de tu cuello y sigue retorciéndote, hijo de los perros, ojo de la zarigüeya.

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