lunes, 10 de marzo de 2014

GRACIAS, ZALACAÍN

Gracias a Inmaculada Perán Rex, a Lola Lopéz Mondéjar, a Raquel y a Almudena por hacer posible la presentación de mi poemario Luz de los escombros esta noche. Gracias a los que me estáis apoyando y a los que os espero en Café Zalacaín Murcia. Nos vemos esta noche, a las 21.30. Un abrazo.

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jueves, 6 de marzo de 2014

El cine y la literatura

Dossier informativo para el alumno: La noche del cazador


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miércoles, 5 de marzo de 2014

No logro vivir

  Últimamente siento que la literatura es un distanciamiento, una forma de ocultar la desgarradora profundidad de nuestro sinsentido. Cuando muera, qué será de esta realidad que fluye y donde me refugio, no desde la sinceridad, ni desde el agotamiento. La escritura es una traición; me avergüenzo de sentir y busco en el signo lo que aparentemente no logro vivir.

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martes, 4 de marzo de 2014

Marea oculta, de Gustavo Martín Garzo

El pre-texto del recuerdo: la exhumación de quién soy



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lunes, 3 de marzo de 2014

Un mundo implacable, Sidney Lumet


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Lola López Mondéjar y La pequeña burguesía

Mi reseña en MinutoCero sobre la nueva novela de Lola López Mondéjar.  


   En La pequeña burguesía, la autora murciana describe su particular mundo de complejidades psicológicas a través de la concisión e intensidad que le proporciona el género del cuento. La modernidad de López Mondéjar es que renuncia a la frivolidad, al escapismo y a lo histórico para acercarse a una narrativa en puridad, sin cortapisas ni infantilismo, pues, en estos cuentos subyace una preocupación por el lenguaje con el que se escribe y aquel otro que debería solucionar los conflictos, aclarar los conceptos, expresar lo que nos angustia y que, sin embargo, resulta inútil a los personajes que se resignan a vivir.

   Las miradas incisivas, la forma de vestir, la enfermedad y la frustración del deseo son motivos temáticos que definen esa poética, sin ampulosidad, sin manierismo, condensada en el uso del sustantivo, de la frase precisa, con diálogos esclarecedores y descripciones de las costumbres que dicen todo, sin necesidad de elaborar manidos desenlaces, acerca de una burguesía que prefiere el hedonismo a la acción y al compromiso. Lo que se percibe en los últimos textos de López Mondéjar es esa alusión al detalle, al objeto y a la sutileza de una expresión para definir todo lo que quiere que exista en el discurso como referente de la vida de sus personajes.

  El hombre pez, Cercanías o Con alas nos describen comportamientos que necesitan de la ensoñación para sobrevivir en la realidad; una virtud de los cuentos de Julio Cortázar que la autora explora con delicadeza para que el lector confunda lo fingido con el mundo real. Pero es quizá ese aire decadente, influido por el cine de Fellini y de Visconti, el que alumbra en Amantes o Dinastía 2006. El insípido costumbrismo de la burguesía, su apocamiento a la hora de afrontar los verdaderos problemas sentimentales y su resignación ante la frustración del amor, idealizado por las convenciones, determinan la decadencia de unas conductas que perseveran en las apariencias y aceptan que la felicidad es ilusoria.

   En la trama de las relaciones, persiste el valor de una intertextualidad que profundiza en el cine italiano y en la pintura de Hooper por la sencillez de las estampas y su simbolismo. La intertextualidad, la intensidad de cada párrafo y el dilema de las situaciones a las que se enfrentan los personajes son algunos aspectos narrativos que siguen cautivándome de la prosa de López Mondéjar. La reflexividad sobre estos tiempos convulsos tampoco puede pasar desapercibida a su mirada perpleja y cavilosa, pues estos breves cuentos son maneras de poner en crisis lo socialmente aceptado. Porque el deseo parece no sobrevivir a la severa realidad, a su fariseísmo.
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John Berger

Mi artículo en Milinviernos sobre la literatura de John Berger.

John Berger

   La literatura de John Berger es una literatura basada en la fragmentación. Consciente de las limitaciones formales que el género de la novela presenta después del siglo diecinueve y con las últimas novelas de Mann o de Faulkner, Berger parece convencido de que la narrativa solamente puede explorar lo inefable desde los márgenes. La anécdota y la vivencia personal le ayudan a construir un mundo de impresiones que trascienden el argumento, la linealidad de la historia, la competencia entre personajes.

   Porque, en Un hombre afortunado o en Aquí nos vemos, lo que leemos es ese lenguaje inspirado en el eclecticismo, en la intensidad de la frase, en su concisión y en su brevedad como maneras de decir sobre el mundo, superando las rigideces del género al que acostumbran aún la mayor parte de las novelas por las que apuestan las editoriales. Esa necesidad de la fragmentación, de usurpar de la realidad aquellos retazos significativos que pueden comunicarnos sentimientos solamente expresables desde el lirismo y el detalle imprevisto, conducen a Berger a encuentros con paisajes de desconcierto, a terrenos inhóspitos y alejados de la civilización, a epístolas donde subyace una obsesiva preocupación por la muerte y por el encuentro con los desaparecidos.

   Sus reflexiones sobre la pintura y sobre el arte están alimentadas por esa capacidad de síntesis con el fin de extraer del mundo la sustancia, lo elemental, porque el simbolismo del paisaje y la ausencia de los antepasados añaden a su literatura esa lucha tribal por invocar lo misterioso, como si el escritor fuese un chamán con el que exorcizar nuestras inquietudes, nuestra negación a morir en cualquier momento. La relación estrecha entre su escritura y la pintura -como forma de comprender las texturas de los objetos y los matices de la luz- incide en esa capacidad para afrontar la literatura como un espacio de intertextualidad, de connotaciones continuas, donde las palabras surgen para un mundo reconocible y regresan a las páginas con otro sentido, hipnótico y embaucador.
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domingo, 2 de marzo de 2014

La fotografía de William Eggleston

Revela el poder sobrenatural de lo cotidiano


Mi artículo en Mundiario sobre la fotografía de William Eggleston

Una obra del fotógrafo William Eggleston

   Es la aparente espontaneidad de su composición lo que caracteriza su arte. Todo parece que ha acontecido sin previo aviso. Lo cotidiano en la fotografía de William Eggleston es lo universal, un horizonte mínimo, esa franja de neblina que oculta al Todo y su devastación. Los objetos, los detalles, las casualidades inciden en un mundo vibrátil, azaroso, con una armonía que no ha sido impuesta ni adecentada. Permanecen las cosas y nada ha sido extraviado o perjudicado por la presencia del hombre.

   Son los rastros de lo humano, los materiales desechados, los metales, la intensidad de los colores artificiales sobre las texturas de la materia lo que en Eggleston sobrevive. Nada queda fuera de sus composiciones, pero tampoco está todo descifrado. Cada fotografía es un estímulo de algo que siempre se nos escapa, pero ese estímulo nos aproxima cada vez más a la eclosión de colores y aromas que nos rodea.

  Su intención no es otra que buscar retazos de una continuidad inabarcable y esos retazos describen pormenores, alusiones fugaces de un mundo complejo y lleno de espejismos. Los coches, las lámparas, los peinados, chicos que cruzan la calle, utensilios abandonados, por ejemplo, nos transmiten una profunda sensación de incertidumbre y de soledad. Sus fotografías demuestran la versatilidad del Universo para transformarse en lo concreto, en lo individual, dentro de un fluir del tiempo que ni comprendemos, ni recordamos.
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Cárceles imaginarias, de Luis Leante

Cuando querer es recordar


  En Cárceles imaginarias, de Luis Leante (Madrid, Alfaguara, 2012), es evidente una mayor madurez técnica y expresiva a diferencia de sus anteriores obras como Luna roja o Mira si yo te querré, si bien permite al lector seguir con fruición la complejidad narrativa de una novela inspirada en la obsesión del viaje como proceso de revelación de la identidad. 

  El manejo compensado de los tiempos y las voces narrativas -desde diversas épocas y edades- es otro de los tópicos recurrentes que en Cárceles imaginarias añade, sin embargo, una depuración formal a la descripción de ambientes y de acciones con el fin de dotar, a la estructura, de un mayor dinamismo y de una secuenciación eminentemente cinematográfica; de hecho, el significado de las historias secundarias confluye sin digresiones en una trama histórica basada en la biografía ficcionada de uno de los actores principales de la narración, Ezequiel Deulofeu. 

  A partir del recurso cautivador del manuscrito encontrado, Leante propone una novela de aventuras que, con el paso de las páginas, va desembocando en una novela psicológica, de introspección, donde la carnadura de los personajes, más allá de su lucha por la supervivencia en un mundo adverso y en declive, refleja la asunción de una condena: el devenir parece superar las decisiones políticas y morales de cada uno de nosotros. 

  En nuestro presente, el bedel Matías Ferré se ve abocado accidentalmente a indagar sobre los documentos que su mujer Victoria, antes de su muerte, ha ido recopilando para publicar un estudio histórico sobre los anarquistas catalanes que se habían exiliado a Filipinas a finales del siglo XIX. Con todo, es ese escenario finisecular de represión e incertidumbres políticas el que nos instruye sobre unos personajes convulsos, instigadores, inconformistas ante un régimen oligárquico, que evolucionan al compás de las averiguaciones del propio Matías Ferré en la actualidad. Los documentos históricos sobre los que trabajó su mujer, Victoria, son el hilo de Ariadna para explicar el sentido de todas las existencias (si es que existe un solo sentido), las del pasado que han de fundirse finalmente con las del presente. 

   La novela describe, por un lado, un relato costumbrista, ambientado en un lúcido exotismo insular, en ocasiones, no menos expresionista, de la vida del anarquista Deulofeu exiliado a Filipinas, y, por otro, un relato detectivesco como marco, inspirado en las pesquisas de Ferré, cuyas claves de lectura definitivas reconciliarán su vida hastiada con la muerte de su mujer y con el estigma de un pasado que teme esclarecer según avanzamos en la lectura.

   Desde su estética formal, Leante añade unas descripciones someras para dedicar su empeño a la acción de las múltiples historias personales que rodean al profético Ezequiel, errante entre gentes envilecidas y afectado por amores imperecederos, y a un depresivo Matías Ferré, arrumbado en su rutina, cercado por recuerdos imborrables y que busca la serenidad consigo mismo al descifrar las injusticias de un pasado al que le deberá la plenitud, el sentido o los sentidos de su propia existencia a partir de ahora.
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Resumen de Rostros de Tiza

   Elena se siente culpable de la muerte de su hermano Adrián en un accidente de moto. Ni siquiera Carlos, uno de sus mejores amigos, parece aliviar su sufrimiento en un mundo rodeado de amistades poco sinceras, donde las discotecas, las fiestas en la playa y la violencia no pueden esconder la soledad y la frustración vital de toda una generación de adolescentes. 

   Carlos, sin embargo, descubrirá en la tristeza y en la soledad de Elena un amor verdadero con el paso de los años.

Fotografía de Jose Galvez
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sábado, 1 de marzo de 2014

No entiendo la literatura sin el dolor

  No entiendo la literatura sin el dolor, sin la frustración. No creo que sea la literatura una experiencia en sí misma. La experiencia es el sentimiento, la emoción. La literatura es una forma de convenir la identidad de esas percepciones. El sufrimiento es común entre los hombres y es violento. La literatura es la purgación, la trampa, la excusa para la aceptación de dicho sufrimiento. La forma menos dolorosa de resignarnos a ver con claridad lo que sucede.

El escandaloso silencio de las buenas personas” de  Javier Tresaco
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Conversando con John Berger

  Conversando con John Berger, el mar se ha hundido en la oscuridad. Los matices eran ya insignificantes. Hemos sorbido de la misma taza. Nadie ha tocado a la puerta. Me ha enseñado algunas fotos. Eran hombres grises sobre un paisaje limpio. Los vegetales en los platos parecían un nutrido bodegón. Berger no sabe qué descifrar más de este universo. Las luces exploran el mundo de los vidrios y las maderas. He respondido que la cayena no amarga nunca el pollo con curry. Las telas han rozado el suelo y una mujer se ha agitado al fondo del pasillo.

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Noche de las aguas

 No has encontrado el objeto que ella rozó. Se han desprendido las rocas. Los tiempos se agotan. La noche es inaccesible porque los aguaceros retornaron de los concluidos páramos. El objeto que ella rozó permanece en el fondo. Aspiras la luz de los contornos; han muerto los perros atados y, como no sabes qué hacer en esta hora, decides incendiar los lienzos.

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Jirones de niebla

   No escuches el viento ni admires el humo gris que fluye hacia los sotos. Se han sumergido las aves y, entre los juncos, no queda rastro del niño que fuiste. Lo has perseguido y la zozobra no te ha dejado ver su sombra más allá del camino. El día acaba y los hombres avanzan hacia los médanos. El río es un desenlace de tu fracaso. Jirones de niebla demantelan tu lúcida visión.

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